LA PÉRDIDA DE DERECHOS SOCIALES DEL TRABAJADOR EN EL MARCO LABORAL ACTUAL

 
            En estos momentos de crisis internacional es clave el reconocimiento de los derechos sociales como derechos universales, y la apuesta por el derecho de ciudadanía plena y social, derechos que forman parte de la continua construcción del Estado del Bienestar.

Los derechos sociales son los que humanizan a los individuos, sus relaciones y el entorno en el que se desarrollan. Son garantías de la igualdad y la libertad reales, pues la libertad no es posible si es imposible ejercerla por las condiciones materiales de existencia.

Serían el equivalente a los denominados derechos humanos de segunda generación (los económicos, sociales y culturales), propios del Estado Social de Derecho, y nos garantizan universalmente, es decir, a todos los ciudadanos por el hecho de serlo, y no como mera caridad o política asistencial, el acceso a los medios necesarios para tener unas condiciones de vida dignas.

Estos derechos sociales son:

1.- el derecho a un empleo y a un salario dignos,

2.- el derecho a la protección social por jubilación, seguridad social, desempleo, bajas laborales por enfermedad, maternidad o paternidad, accidentes laborales,

3.- el derecho a una vivienda,

4.- el derecho a la educación,

5.- el derecho a la sanidad,

6.- el derecho a un medio ambiente saludable

7.- el derecho al acceso a la cultura

8.- el derecho a todos los ámbitos de la vida pública.

 

Los Derechos Económicos y Sociales se han ido positivando en diferentes declaraciones y pactos, tanto a nivel internacional como regional. Fueron ratificados por la ONU en 1988 a nivel internacional a partir del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y a nivel americano por el Protocolo de San Salvador.

A pesar de lo anterior estos derechos continúan siendo violados, especialmente en los países del tercer mundo. El fenómeno de la globalización y las medidas que son tomadas en algunos de estos países es vista por sus críticos (los llamados antiglobalización) como contraria a estos derechos.

Pero esta pérdida de Derechos Sociales no se da solo en los llamados países del tercer mundo, sino que todos recordamos la polémica suscitada no hace mucho sobre la norma respecto de la jornada laboral en Europa. Tras cinco años de intensos debates, la falta de acuerdo entre los representantes de la Eurocámara y los de los Gobiernos de la UE acabó definitivamente con el proyecto comunitario de instaurar una jornada laboral máxima de 65 horas semanales.

Permanece, por tanto, la actual legislación que marca una jornada máxima de 48 horas semanales, pero que incluye una excepción: el empresario puede negociar individualmente con sus trabajadores para alargar el plazo hasta las 78 horas semanales. Esta posibilidad, conocida como "opt-out", afecta especialmente a servicios de guardia -como los médicos-, y se aplica en 15 de los 27 Estados miembros.

La supresión definitiva de las "opt-out" ha sido la principal barrera para cerrar el acuerdo en Bruselas. Mientras que el Parlamento pedía que las guardias se incluyeran en el cómputo de la semana laboral, los Gobiernos no lo han secundado.

Sin embargo, hay otras cuestiones que de forma más silenciosa están llevando a cambios en los centros de trabajo y que también recortan derechos conquistados recientemente.

Nos referimos ahora  al segundo derecho enumerado, es decir, al derecho a la protección social por jubilación, seguridad social, desempleo, bajas laborales por enfermedad, maternidad o paternidad, accidentes laborales.

Los planes de igualdad y los avances en materia de prevención de riesgos laborales son las víctimas de una negociación colectiva rota por el desencuentro en materia salarial.

La implantación de los planes de igualdad se ha visto postergada en muchas empresas, según explica el secretario de Acción Sindical de UGT, Toni Ferrer, que ve cómo se merman los derechos colectivos. La secretaria de la Mujer de CCOO, Carmen Bravo, también es tajante: "La igualdad va a tener un frenazo imparable".

Así es, las bajas por maternidad se han frenado en seco en el primer trimestre de este año. Y es que la mujer trabajadora tiene ahora otra batalla contra la recesión. Sus decisiones personales, como concebir un hijo, se han visto condicionadas por la crisis. Según los datos publicados por la Seguridad Social, el número de procesos para percibir la prestación por maternidad se ha frenado en seco en el primer trimestre del año, cuando en el mismo periodo del año pasado crecía al 5%. "Una mujer no toma la decisión de tener un hijo si no percibe estabilidad laboral", remarca Bravo. La correlación es evidente. En Aragón, donde el número de procesos de maternidad tramitados ha caído en un 23,44% (el más abultado), el paro ha subido un 120% en el mismo periodo de tiempo, también la peor cifra de España.

Además, la calidad de la salud de los trabajadores también está en riesgo pues son muchas las empresas que han dejado de pagar a las consultoras que diseñan sus planes de previsión de riesgos laborales. El secretario de Acción sindical de CCOO, Ramón Górriz, recuerda que hay una mesa de prevención de riesgos laborales dentro del Diálogo Social que la patronal ha bloqueado desde finales del año pasado. Ferrer recuerda también que lo que se califica de absentismo laboral (incluye enfermedades comunes o maternidad) también ha descendido, porque son muchos los trabajadores que acuden enfermos al puesto de trabajo por miedo a perder el empleo.

El 28 de abril se celebró el Día Internacional de la Salud y Seguridad en el Trabajo, a iniciativa de la Confederación Internacional Sindical, una jornada de movilización y recuerdo de las víctimas del trabajo.

En España, a lo largo de 2008, 831 personas han fallecido en accidentes laborales y, lo que es aún más grave -denuncian los sindicatos- persiste en el último año el subregistro de enfermedades profesionales, pues sólo se ha aumentado la declaración de enfermedad profesional de 17.061 a 18.700 casos (un incremento del 9,6% respecto al año anterior).

En España no se declaran muertes por enfermedad, aunque se incrementan las prestaciones por viudedad y orfandad tras acudir a los tribunales. “Es esta una lacra y una vergüenza para nuestro país y sus instituciones públicas”, denuncian los sindicatos mayoritarios, que responsabilizan de ello a “las mutuas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales de la Seguridad Social, como iniciadoras del proceso, y a las distintas Administraciones Públicas, que no ejercen adecuadamente su control”.

En el manifiesto unitario, los sindicatos denuncian que la patronal utiliza el contexto económico actual de profunda crisis para socavar los derechos laborales en su conjunto y también para hacer retroceder las actividades y recursos que las empresas dedican a la prevención de riesgos laborales. “Ahora se oponen, con todas sus fuerzas, al desarrollo y cumplimiento de la Estrategia Española de Salud y Seguridad pactada por las Administraciones Públicas, patronal y sindicatos”, señalan.

Los sindicatos consideran que se corre el riesgo de perder en poco tiempo gran parte de lo avanzado en los últimos años en materia de protección de nuestra seguridad y salud, por lo que exigen al Gobierno y a los empresarios que cumplan lo acordado en materia de prevención y salud laboral y que  “Prioritariamente, se desarrolle la figura de los agentes territoriales y sectoriales de prevención, pieza clave para avanzar en el cumplimiento de la ley en las empresas que carecen de representación de los trabajadores -delegado de prevención- y que son las que más necesitan de la tutela externa”.

Respecto de estos derechos sociales de la Protección laboral el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez en este año 2009 considera que las numerosas ineficiencias en el sistema laboral español determinan el "rotundo fracaso" en el objetivo de reducir el desempleo y provocan efectos perjudiciales en la productividad, por lo que ha insistido en la necesidad de emprender "con urgencia" reformas de las instituciones laborales. Las palabras del economista llegan en medio de la controversia generada por la propuesta lanzada por la Confederación de Empresarios de Madrid de crear un contrato contra la crisis con una indemnización de 20 días por año trabajado en lugar de los 45 actuales, la reducción en tres puntos de la cuota de cotización a la Seguridad Social o el contrato de despido libre.

 Si se imponen las tesis de las organizaciones empresariales iríamos a una restricción de nuestro sistema de protección social". Es decir, aparte de recortar derechos del trabajador, al recaudar menos impuestos el Estado dispondría de menos medios para llevar a cabo sus políticas sociales. Dicen los sindicatos

El actual gobierno considera inviable la medida propuesta, defendiendo al estado del bienestar y recomienda centrar esfuerzos en los actuales problemas de liquidez del sistema financiero, opinión compartida con los agentes sociales que no consideran que la rigidez del mercado laboral sea causa del desempleo.

Respecto a nuestro entorno europeo los sindicatos europeos piden un nuevo 'pacto social' contra la fragilidad laboral (27-03-2009, por Expansión.com). La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha exigido en marzo de 2009 a los líderes del G-20 (que forman los principales países industrializados y emergentes) que sitúen el empleo como asunto prioritario en su agenda y llamó a un nuevo Pacto Social europeo que ponga fin a la "fragilidad del mercado laboral" y freno al "rápido aumento" de la tasa de paro en Europa.

"Es el momento de reaccionar", alertó en rueda de prensa el secretario general de CES, John Monks, para quien es necesaria una respuesta de la Unión Europea "mucho más ambiciosa" que la dada hasta ahora. Con el objetivo de que "lo social no sea siempre quien paga la factura", los sindicatos europeos prevén varias "euro manifestaciones" que se celebrarán a mediados de mayo bajo el lema 'Pongamos a las personas primero’.

Las previsiones de la Comisión Europea apuntan a que el paro superará en el primer semestre de 2010 el 10%. Sin embargo, en la CES son "más pesimistas" y auguran que antes de que acabe este año habrá "entre seis y ocho millones de parados" en Europa si no se toman nuevas medidas. La pretensión de CES es que la Comisión permita a los Estados miembros utilizar los Fondos Sociales Europeos, incluido parte de los presupuestados para 2010, para compensar ese recorte en el salario y "evitar despidos inmediatos".

A medio plazo, los sindicatos europeos piden un esfuerzo en inversiones para la educación y formación de los trabajadores, pero también para una reestructuración "hacia una economía sostenible".

Las propuestas de la CES para combatir la crisis se resumen en cinco puntos:

1.-más y mejores empleos y conservar los servicios públicos fundamentales,

2.-mejores sueldos y pensiones,

3.-un estado de bienestar más sólido,

4.-poner fin a las decisiones de los tribunales de Justicia de la UE que favorecen los intereses mercantiles en detrimento de los derechos fundamentales de los trabajadores y los convenios colectivos,

5.- regulación efectiva de los mercados financieros, distribución equitativa de la riqueza; y, finalmente, un Banco Central Europeo comprometido con el empleo, y no únicamente con la estabilidad de los precios.

Monks advirtió de que "se esperan nubes aún más negras sobre el empleo en los próximos meses", por lo que urge poner en marcha "más medidas de protección a los trabajadores" a nivel de la Unión Europea, así como "una estricta regulación para que no se repitan crisis semejantes".

El presidente de la confederación de sindicatos belgas CSC-ACV, Luc Corterbeek, también destacó la necesidad de "iniciativas ambiciosas y de alcance comunitario", pues a su juicio "ya se ha demostrado la insuficiencia de los sucesivos planes de rescate nacionales".

Estamos ante una transformación social profunda. La crisis no sólo es socioeconómica, sino que afecta también a los sistemas de regulación social.

Es interesante plantearlo en esos términos: no es una crisis coyuntural o exclusivamente económica, sino también financiera, es decir, de fondo y duradera y por tanto de cuestionamiento de los sistemas de regulación institucional, normativa y de valores, junto a dinámicas de insolidaridad y disgregación social.

Así, junto con la crisis económica, el factor económico, se desestabiliza el Estado de bienestar, el factor social, con lo que se configura una nueva realidad social de conjunto donde se modifica y replantea el papel de cada mecanismo; se genera una nueva estructuración social, mayores contradicciones internas en la clase obrera, una distinta configuración del orden social y de los mecanismos de integración, en especial del empleo. En definitiva, los cambios conllevan un nuevo papel del empleo y del trabajo, y exigen la renovación y adecuación de las políticas sociales, y de la relación entre la propia sociedad con el Estado y de éste con el mercado.

Por tanto en este contexto de crisis mundial sin precedentes, es especialmente necesario y oportuno reivindicar los derechos sociales frente al modelo de crecimiento económico especulativo, causante de una crisis que tanto sufrimiento y quiebra de proyectos de vida y de trabajo esta ocasionando. Concretamente en España, el hundimiento del mercado inmobiliario y del consumo interno sobre los que se había apoyado el crecimiento económico agravan la situación con consecuencias especialmente graves sobre el empleo: enorme pérdida de puestos de trabajo, alarmantes tasas de temporalidad, precariedad y siniestralidad laboral que a su vez conllevan derivadas sociales de creciente pobreza y marginalidad social.

Deben de mantenerse las mejoras sociales alcanzadas so pena, que de reducirlas se generarían aún más desigualdades sociales.

Una Maestra Masona.