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Puede considerarse la masonería canaria como la pionera en el contexto de la Orden en España. Ciertamente, su implantación definitiva tardaría en producirse, como sucedió en el resto del Imperio español y, en general, en el conjunto de los países latinos, a causa de la vigilancia y de la persecución del Santo Oficio, pero en las Islas Canarias tuvieron lugar algunos acontecimientos que, por su relevancia, confieren a la historia de la masonería canaria un sello peculiar.

Nos referimos de modo especial, al primer proceso inquisitorial de las Españas y uno de los primeros del Orbe cristiano, por parte de un Tribunal de la Inquisición, el de Las Palmas de Gran Canaria, contra un católico acusado de pertenecer a la masonería, el irlandés Alejandro French Linch, iniciado en Boston y denunciado como tal, en el tinerfeño Puerto de la Cruz, en 1739, por su paisano Patricio Roch, pues según dijo lo había visto “con la insignia o divisa que usan los de tal compañía, que es un delantarcillo de cuerecillos atado a la cintura, que cae cerca de las rodillas por la parte delantera del cuerpo” (mandil), matizo que portaba “en una mano una paleta y en la otra una cuchara, insignias del pedrero, que es la significación en nuestro idioma castellano de las palabras free masons o libre pedrero; y añade que le parece que los tales están juramentados entre sí, para no descubrir el secreto del fin a que se dirige su compañía”.

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La exhibición de las insignias, en efecto, fue considerada por el Tribunal del Santo Oficio como una pecaminosa osadía por parte French, pero la falta de antecedentes, la enfermedad que contrajo durante su retención en Las Palmas (1740-1742) y, en definitiva, su buena disposición a colaborar con sus jueces le condujeron a la absolución del delito de herejía, pues siendo súbdito de la Iglesia se había alistado en una hermandad donde se realizaban juramentos impíos para guardar un misterioso secreto, y donde habrían de convivir gentes de distintas creencias y opiniones, con la siguiente confusión respecto a los principios doctrinales y dogmáticos de la Santa Madre Iglesia.

La intolerancia de la época, puesta de relieve en los interrogatorios de los jueces eclesiásticos, contrasta con la resignada actitud de French, quien, con total sinceridad, declaró que, en la logia, se había sentado “al lado del hermano mayor, quien le advirtió y dijo que las reglas que se habían de observar por los hermanos de aquella hermandad, eran las siguientes: No jurar ni disputar de religión, leyes y reyes porque estas disputas crían mala sangre y riñas y ruidos, porque la hermandad sólo quieren amistad y amor de hermanos, ayudándose y socorriéndose unos a otros en todo lo posible sin daño propio, y hablando los hermanos bien unos de otros, tanto en ausencia como en presencia”.

 

La primera logia de Canarias

Los Comendadores del Teide

La fundación de “la logia escocesa de San Juan” conocida por Los Comendadores del Teide, tuvo lugar, en efecto el día 16 de diciembre de 1816, bajo el patrocinio del conde de San Lorenzo, según referencias de la época. Sobre este taller se conservan algunos escasos documentos, entre ellos el más importante es el cuadro lógico del 20 de mayo de 1817, que nos permite dilucidar la importancia de sus miembros: Diego de Tolosa, Pablo Franchi Alfaro, Antonio Álvarez Rafael Guezala, Vicente Ortiz, José Guezala, Juan de Megliorini, Manuel Álvarez, Nicolás Massieu, José Sansón, Matías del Castillo, Antonio Primo de Rivera, Gilberto Stuart Bruce, José Crosa y Domingo Madán.

Se trata de hombres vinculados a la milicia, al comercio y a la actividad política local.

Gran Oriente de FranciaEl 30 de abril de 1820, la logia solicitó los auspicios del Grande Oriente de Francia, aunque su petición, pese a estar bien recomendada por un taller hermano de París, no fue atendida con diligencia, por lo que, de hecho, la logia tinerfeña se convirtió en una especie de taller provisional, en tanto que no gozaba del reconocimiento de ninguna obediencia o potencia masónica regular o irregular.

Desde el punto de vista masónico, la logia experimentó otros cambios durante estas fechas. En 1822, a juzgar por el testimonio tardío de 1870 de otro de sus probables integrantes, seguramente el comerciante santacrucero Pedro Bernardo Forstall, Marco Aurelio, el taller había cambiado de su antiguo nombre por el de Amistad, y había obtenido los auspicios del Grande Oriente de Francia, pero, al año siguiente, se colocó bajo la obediencia de un recién nacido Gran Oriente de España.

 

Una década prodigiosa (1870)

La década de 1870 puede considerarse, desde el punto de vista de la implantación y del desarrollo de la masonería en Canarias, ciertamente prodigiosa por dos razones. En primer término por la erección de talleres masónicos en cuatro de las siete islas principales del Archipiélago, y, en segundo lugar, por el numero y calidad de los masones que los integran.

Lo primero que debe tenerse en cuenta es que la inmensa mayoría de estas logias pertenecieron a la obediencia del Gran Oriente Lusitano Unido, con sede en Lisboa. Se trata de una obediencia o potencia masónica foránea que, no obstante, tuvo una gran importancia en todo el Estado español entre 1869 y 1878. La explicación de este fenómeno radica en las carencias de las que, a la sazón, adolecía la masonería española, y, de ahí, la necesidad que tuvieron los masones de la época de buscar el amparo legal de la organización o potencia masónica más próxima para su reconocimiento nacional e internacional, mediante la obtención de la preceptiva Carta Patente o Carta Constitutiva.lusitano

La revolución de septiembre de 1868 sentó, pues, las bases de una apertura política que permitió subsistir a los talleres, legalizados oficialmente, sin embargo, como sociedades culturales, hasta el definitivo reconocimiento legal, obtenido a comienzos de 1889, de una obediencia española, el Grande Oriente Nacional de España, mediante su inscripción en el Registro de Asociaciones del Gobierno.

Así pues, la primera logia que se fundo en Canarias durante esta época, fue la grancanaria Afortunada, a la que el Grande Oriente Lusitano Unido anotó en su registro con él numero 36. Esta logia fue instalada el 14 de mayo de 1870. Además, el taller publico su propio órgano de prensa, La Afortunada, uno de los mejores ejemplos de periodismo masónico en Canarias, como luego se dirá.

El 28 de octubre de 1870 bajo la misma obediencia, concedió sus auspicios en Santa Cruz de Tenerife a un nuevo taller, la logia Teide, con el número 53, presidió la asamblea fundacional, un veterano de la masonería, el tinerfeño José Sierra, cuyo grado 32º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado le había sido conferido, el 16 de marzo de 1865, por una logia de Santiago de Cuba.

En los inicios de 1874, se dieron los pasos necesarios para levantar columnas de la logia Taoro, que fue registrada por el Grande Oriente Lusitano Unido con el número 90.

También en este mismo año de 1874 se solicito Carta Patente a Lisboa, para legalizar en La Laguna el taller Nueva Era con el número 93, cuyo documento les fue concedido a finales de noviembre de ese mismo año.

En 1875, los masones de Santa Cruz de Tenerife promovieron la fundación en la misma capital, de una nueva logia, que fue registrada con el número 94 en la obediencia lusitana y que se llamó Hijos del Teide.

En ese mismo año de 1875 comenzó a funcionar un nuevo taller en Sta. Cruz de Tenerife, Nirvana, numero 96, perteneciente a la misma obediencia portuguesa.

Precisamente, la fundación del ultimo taller masónico de obediencia lusitana en Tenerife, la logia Tenerife número 114, se llevo a cabo el uno de noviembre de 1877, esta logia que tendrá un notable desarrollo a partir de 1878 y que, a comienzo de la década de 1880, publicó una interesante revista masónica.

En el Valle de La Orotava también se erigió, pero a comienzo de 1876, una nueva logia bajo la obediencia del Grande Oriente Lusitano Unido, Esperanza de Orotava, Nº 103, radicada en el Puerto de la Cruz.

 

En 1875 en Sta. Cruz de La Palma, en enero fue instalada la logia Abora Nº 91 de la obediencia lusitana.Abora 91

A la fundación del taller palmero siguió, una nueva logia esta vez en Arrecife de Lanzarote, con el nombre Atlántida Nº 92, levanto columnas en la primavera de 1875, gracias a la gestión de los dirigentes de Teide Nº 53, bajo los auspicios de la obediencia portuguesa.

Por otro lado, aparte de los talleres de obediencia lusitana, también existió en Tenerife, entre 1873 y 1874 una logia que con el nombre de Fe Masónica, Nº 91, desarrolló su actividad bajo los auspicios del Grande Oriente de España.

Entre 1870 y 1878, la masonería canaria estuvo integrada por once logias, incluyendo Fe Masónica, con un total de unos 250 miembros, gran mayoría perteneciente a la obediencia portuguesa, pero los masones canarios en general y los del resto del Estado español, no comulgaron con las reformas constitucionales que, en un ataque de patriotismo luso, introdujeron los dirigentes del Grande Oriente Lusitano Unido en su reformada Constitución.

La gota que colmó el vaso fue, no obstante, un decreto del Gran Maestre, por el que se mandaba a jurar la nueva Constitución de la obediencia, esta nueva Constitución lesionaba, sin duda, una serie de derechos de las logias españolas, tanto desde el punto de vista masónico como desde una perspectiva profana, por ello, la reacción de los talleres canarios no se hizo esperar.

Entre las disposiciones de la nueva norma estatutaria destacaron, como especialmente ofensivas, las que circunscribían el cargo de Gran Maestre a masones nacidos en Portugal, la obligación de celebrar por parte de todos los talleres de la obediencia el 1º de diciembre como día de la Independencia de Portugal. En noviembre de 1878, Nirvaria Nº 96, Teide Nº 53, Hijos del Teide Nº 94 se distanciaron de la obediencia lusa, la crisis también se dejó sentir con toda fuerza en el resto de los talleres de todo el Archipiélago. Toda una época floreciente de la masonería canaria acababa de temieran.

 

Logias hasta 1936

A partir de 1879 los masones de Santa Cruz de Tenerife quedaron divididos en dos logias, por un lado Tenerife Nº 114, que, con las salvedades constitucionales de rigor, decidió continuar bajo la obediencia del Grande Oriente Lusitano Unido, y, por otro, la logia Teide que, tras su separación de la citada potencia, se adhirió a la Confederación Masónica del Congreso de Sevilla y, después, a la Gran Logia Simbólica Independiente Española, con el número 17 de sus registros.

Los masones de La Orotava y del Puerto de la Cruz, por su lado, también pasaron a engrosar las filas de la Confederación masónica de Sevilla y, luego, de la Gran Logia Simbólica Independiente Española. El impacto de la crisis constitucional masónica, entre otros factores, mermó, no obstante, las filas de Taoro y de Esperanza de Orotava, por lo que, a finales de 1880, ambos talleres iniciaron los tramites para su fusión, y, a partir de 1881, decidieron adoptar el nombre de la primera, con el número 9 de los registros de la nueva obediencia española.

Los miembros de la logia Abora número 91 de Santa Cruz de la Palma, a su vez, reanudaron, tras un amago de ruptura, sus relaciones con el Grande Oriente Lusitano Unido, bajo cuya obediencia permanecieron, si bien atravesando algunas dificultades económicas, hasta 1900, año en el que la logia ya no pudo resistir el impacto de otra crisis relevante, pero de carácter general, la Guerra de Independencia de Cuba, “cuyas funestas consecuencias afectan a las riqueza y al comercio de esta isla de un modo extraordinario”, tal como afirmó, a principios de 1899, su ultimo Venerable, Juan Henríquez Hernández.

La fundación de una logia que con el nombre de Idafe, obtuvo la carta patente del Grande Oriente Español, que le otorgó, en 1891, el Nº 124 de sus registros, y perduró en la isla palmera hasta 1896.

Los masones de Arrecife, por su parte, se mantuvieron al pairo hasta 1880, tras su separación con Lisboa, y colocaron sus trabajos provisionales bajo los auspicios del Gran Arquitecto del Universo. No se decidieron, como sus hermanos de Tenerife, por la Gran Logia Simbólica Independiente Española, sin embargo en 1882 los masones de Lanzarote decidieron reemplazar la marcha bajo los auspicios del Serenísimo Gran Oriente de España, erigiendo una nueva logia que se llamó Timanfaya Nº 199; Unos años más tarde, en 1886, se fundo en Arrecife la logia Júpiter número 208, bajo los auspicios del Grande Oriente Nacional de España, que perduro hasta 1889.

Por ultimo, la masonería de Gran Canaria presenta, a lo largo del ultimo tercio del siglo XIX, una evolución en la que se suceden periodos de auge o estabilidad y otros de crisis o desánimo, a los momentos en que los masones de Las Palmas dejaron oír su voz a través de la prensa y del discurso, durante el Sexenio Democrático. La logia Afortunada Nº 36 continuo bajo los auspicios del Grande Oriente Lusitano Unido hasta 1887, hasta que decidió poner fin a sus relacione con el Gran Oriente Lusitano Unido, a causa de nuevas reclamaciones de carácter tributario y, sobre todo, por las amenazas de la obediencia lusa de declarar irregular a todos los talleres que tuvieran “relacione oficiales con los auspiciados por Orientes españoles”, por ello iniciaron los tramites para conseguir el amparo de una educada obediencia española.

Durante 1888, pues, los masones de Las Palmas apoyaron el proceso de unificación de la masonería española encabezada por Miguel Morayta Sagrario y, a finales de este año, pasaron a engrosar las filas de la que, en adelante, sería una destacada organización de la masonería hispana, el Grande Oriente Español, nacido a partir de los antiguos Grande Oriente Nacional de España y Grande Oriente de España. La logia Afortunada fue registrada con el número 5 en la nueva obediencia, bajo la que perduro hasta 1896.

Por otra parte, Afortunada Nº 5, también apadrinó, a partir de febrero de 1895, la fundación de una nueva logia en el Puerto de La Luz de la ciudad de Las Palmas, que recibió el nombre de Luz Marítima Nº 226, bajo la obediencia, como es lógico, del Grande Oriente Español.

También existieron en Las Palmas de Gran Canaria, al menos nominalmente y durante la década de 1890, dos talleres bajo la obediencia de la Gran Logia Simbólica Española del Rito Antiguo y Primitivo Oriental de Memphis y Mizraim. La primera de estas logias titulada Gran Canaria Nº 93, según carta patente de mayo de 1892, había sido erigida por José Sebastián Navarro, Manuel Benavides y Béthencourt y Sebastián Hernández Bernal. Mientras la segunda logia del Rito Oriental, fundada a finales de 1893, parece que tenía pretensiones expansivas, pues se denominó Honorable Gran Logia Provincial de Canarias, siendo sus principales dirigentes y, tal vez, sus únicos integrantes Juan Moreno y Serrano, Manuel González de Azafra y Anselmo Utrera y Espino.

La masonería del siglo XX puede decirse que comienza, en realidad, en 1895, pues en este año tuvo lugar la fundación, en Santa Cruz de Tenerife, del más importante taller masónico del novecientos la logia Añaza, Añaza se consolidó muy pronto y su evolución sólo fue truncada por la insurrección militar del 18 de julio de 1936. No solo consiguió construir el mejor templo masónico de España, fabricado sobre un solar adquirido por la logia en la calle San Lucas de Santa Cruz de Tenerife a partir de 1899, que todavía se levanta, majestuosamente y simbólico, como ejemplo del eclecticismo arquitectónico insular “y que actualmente sigue siendo Depósito de Farmacia Militar, tras ser incautado por el gobierno de Franco”, sino que, además, sostuvo una escuela durante muchos años y reorganizó en torno a él, a la masonería canaria del primer tercio del siglo XX.

Su fundación y, sobre todo, su permanencia en unos momentos cruciales como fueron los últimos años del siglo XIX, se explica, al menos en parte, porque se colocó bajo los auspicios de una obediencia española de segundo orden, el Grande Oriente Ibérico, al que se mantuvo unidad hasta 1902, este Grande Oriente Ibérico había surgido, en realidad, en 1892, a partir de un grupo de logias provenientes, en su mayoría, del Grande Oriente Nacional de España del Vizconde de Ros que, por diversas circunstancias decidieron no agruparse en torno al Grande Oriente Español de Morayta.

La fundación del taller santacrucero fue realizada, pues, el 8 de agosto de 1895, y en 1903, ante las dudas sobre la verdadera importancia del Grande Oriente Ibérico, decidieron cambiar de auspicios, lo que se produjo, sin mayores traumas, en ese mismo año, pasando a engrosar las filas con el número 270 del renovado Grande Oriente Español, Añaza 270 perduró bajo esta obediencia, en una primera época, hasta 1922, entre 1923 y 1931 durante la II República, la logia se divide en dos, Añaza 1 y Añaza 270, esta ultima se engancha de nuevo al Gran Consejo Federal Simbólico del Grande Oriente Español, mientras que Añaza Nº 1, que contó con un numero menor de miembros fueron expulsados del templo y de nada les valió sus reclamaciones ante las autoridades profanas.

Respecto a Gran Canaria, los masones del Puerto de la Luz también construyeron su templo aunque nunca llego a ver la luz, estaba en la calle León y Castillo, hoy en día una casa abandonada y con conflictos de herencia, fundaron, en 1900, una logia con el nombre de Prince of Wales, Nº 1, a todas luces irregular, pero que, en marzo de 1901, consiguió los auspicios del Grande Oriente Ibérico, que la registro con el número 129 y con el nombre de Príncipe de Gales, que aludía obviamente a la profunda influencia británica en la Isla, llego a contar con 34 miembros activos, en 1902 abatió columnas, en junio de 1903 pasó a denominarse Afortunadas Nº 5, bajo la obediencia del Grande Oriente Español. Entre 1903 y 1905, año este último en que sé derrumbo el intento de resucitar al taller decano de Las Palmas, Afortunada Nº5, contó con un numero real de miembros bastante limitado.

En efecto, doce masones de Las Palmas de los que once habían pertenecido a la extinta Afortunadas Nº 5, decidieron, a finales de 1905, erigir un taller con el nombre de Atlántida, que inmediatamente fue reconocido por el Grande Oriente Español y registrado con el número 285.

Pasarán pues algunos años antes de que la masonería de Las palmas vuelva a levantar columnas con posibilidades de pervivencia. Este hecho se produjo en noviembre de 1922, con la fundación en Las Palmas de la logia Andamana por ocho masones de los que siete habían pertenecido, hasta ese momento, a la logia Añaza de Santa Cruz de Tenerife.

La fundación de Acacia Nº 4, en el Puerto de La Luz, a su vez, tuvo en marzo de 1932, y en ese mismo mes obtuvo la preceptiva Carta Patente de la Gran Logia de Canarias.

Así pues, durante los años veinte y hasta la proclamación de la II República, los masones canarios, llevaron a cabo un proceso de unidad que alcanzó su apogeo con la constitución de la Gran Logia Canaria. El momento no era el más adecuado, pues bajo la Dictadura de Primo de Rivera, la masonería no podía encontrar un ambiente político adecuado para el desarrollo de sus ideales progresistas.

Entre los días 18 y 19 de julio de 1936, fueron ocupados los locales de las logias de Las Palmas y de Santa Cruz de Tenerife. El Templo masónico de Añaza pasaría, como ya se dijo a manos del Gobierno y sería convertido en Depósito de Farmacia Militar. A su vez, la casa que servía de lugar de reunión a la logia Abora Nº 2 de Santa Cruz de La Palma, fue objeto de los desmanes de los marineros del cañonero “Canalejas” el día 25 del mismo mes.

Las logias de Las Palmas, por su lado, fueron “completamente deshechas” el mismo día 18 de julio, si bien parte de la documentación y de los enseres se remitió, mas tarde, a la Delegación de Servicios Especiales de Salamanca.

El día 19 de julio también se procedió a la incautación de los archivos y bienes de las logias de Santa Cruz de Tenerife.

No faltaron tampoco, durante estos años, las denuncias y los anónimos contra masones.

La masonería canaria no pudo reorganizarse hasta después de la proclamación de nuestra actual Constitución democrática, cuando por fin fue legalizada la masonería española.



Manuel de Paz 

Licenciado y Doctor en Historia con Premio Extraordinario. Catedrático de Historia de América en la Universidad de La Laguna desde 1995 (Departamento de Historia. Grupo de Estudios Comparados del Caribe y del Mundo Atlántico (GECCMA)).

 

 

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