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ARMONÍA DEL SILENCIO

V.·. M.·.

Mis Hermanos

 

Permitidme que inicie el trazado de esta humilde plancha con un pensamiento del maestro Pitágoras: “El silencio es la primera piedra del templo de la filosofía”

Cuántas veces contemplamos la expresividad de un rostro silencioso diciéndonos más que las palabras. Recogido en si mismo, en silencio, más fecundo se hace el hombre. Las grandes obras, las grandes creaciones del ser humano, se gestan en la soledad y en el silencio. ¿Qué gran obra no fructifica sino es en el silencio? y… ¿qué mayor obra a realizar que la construcción del templo moral que el hombre debe ser?, consagrado a la Moral, la Virtud y la Ciencia.

Acrisolado en el tiempo, en la cultura del hombre, deviene el silencio en indispensable herramienta de su formación intelectual, de su enriquecimiento espiritual. Herramienta oculta, no reflejada simbólicamente, pero vital y necesaria, no ya para el aprendiz francmasón, de obligada observancia, sino para todo ser con ansias de crecer, pues así como el viejo ciprés sigue creciendo y aumentando sus anillos concéntricos, así el hombre debe hacerlo hasta el momento de su muerte.

El estado de paz interior a que nos puede llevar el silencio sólo se revela cuado se está libre de todo prejuicio. Necesario se hace el abandono del ego, la liberación de todo el influjo de ese pequeño yo que da origen a crispaciones localizadas. Y poca ayuda ofrece al alma del silencioso las reflexiones teóricas o las ideas conceptuales.

Menester es ejercitarse en la introspección del silencio, en el recogimiento, no hacer uso de la palabra, como paso previo a la consecución del silencio interior. La práctica de la “mirada interior” oriental, hasta alcanzar un grado en el que se exprese la unidad del Ser, evitando toda división dualista. La mente, como torrentera del impetuoso río que baja, deviene con el hábito del silencio interior en lago en calma, de límpidas y sosegadas aguas, que todo lo absorbe, que todo lo acoge, dejando en su superficie suave onda que alterar su estado no puede.

Quisiera finalizar, mis queridos hermanos, con la expresión de algunas emociones y pensamientos sugeridos por el silencio.

El mallete y el cincel

la regla de veinticuatro pulgadas

y… el silencio

Egipcios, eleusinos,

pitagóricos, gnósticos,

cabalistas y budistas,

francmasones de la tierra,

en vuestras cofradías y talleres

el obligado silencio

del aprendiz del misterio,

de silente boca,

de receptivo espíritu.

 

El silencio, fiel aliado,

protector amigo,

en las horas santas

de ambiciones místicas.

 

Oye plácidamente

el susurro de tu interior,

que en silencio

trabaja la madre tierra

el germinar de sus frutos.

 

Largo es el camino

y hacerlo despacio es necesidad.

El silencio, cual fiel amigo,

nos ha de ayudar.

 

El nutriente silencio

que al alma cae

como el rocío a la hierba

como el nitrógeno a la tierra.

 

Calla para que tu alma cante

calla para que alce el vuelo

calla cuando tu hermano hable.

 

He dicho

Helios C.·. M.·. R.·. Tr.·. Heracles de Málaga

En el décimo día del noveno mes del año 2004

  

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