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Masones de la reconstrucción

Masones, los otros ‘obreros’ de la construcción JESÚS MORÓN

Los malignos efectos de cuatro décadas de persecución franquista contra los masones españoles aún no se han curado del todo. Si no, la principal logia de Sevilla, la ciudad que durante la II República fue capital nacional de la masonería de la mano del que fue presidente del país, el sevillano Diego Martínez Barrio, no tendría todavía que camuflarse. Ninguna señal identifica su sede, para evitar el ataque de algún trasnochado que crea en la «conspiración judeo-masónica» que esgrimía Franco.

El «templo» y «taller» de la Respetable Logia Obreros de Hiramestá en un local bajo dando a una calle del también obrero barrio del Polígono San Pablo, aunque piden que no señalemos su ubicación exacta. Por prudencia y no por secretismo, que desmienten invitando al periódico a participar esta tarde de viernes en una «tenida blanca» o encuentro masón abierto a familiares, amigos e interesados de la calle. No pretenden captar a nadie sino «transmitir normalidad y transparencia», pues su presidente, Antonio Hernández Espinal, «maestro venerable» de la logia y publicista de profesión, explica que la masonería reniega del proselitismo.

El interesado en perfeccionarse como persona dentro de esta institución que se define como «filantrópica, filosófica y progresista» deberá postularse acudiendo a ellos para iniciar un proceso de entrevistas de entre tres o cinco meses previo a su admisión como «hermano aprendiz». ¿Cómo contactarlos? Escribiendo, como hemos hecho para venir, a obrerosdehiram29@gmail.com. Están en internet en masoneriaensevilla.org y el presidente se mueve en Twitter como @el_hermeneuta.

Jurídicamente son una asociación pero en cierta forma funcionan como una religión de religiones, en el sentido etimológico latino de «lo que une» a las personas entre sí y con el cosmos, porque sus ritos hablan de fraternidad, igualdad y humanismo, y aquí, según cuentan Antonio Hernández y sus compañeros, caben ateos, agnósticos y creyentes, sean católicos, musulmanes, judíos o mormones. «Esto es una escuela de convivencia, una escuela de virtudes y valores», dice Orlando Sánchez, de 36 años y con grado de «compañero», intermedio entre «aprendiz» y «maestro».

Cada uno es libre de revelar o no su faceta de masón, estigmatizada por la represión franquista, pero este jefe de proyectos en una empresa energética de Sevilla es de los que la proclaman «con orgullo». También lo hacen Jesús García, técnico en Airbus, o Javier Montes, programador informático y el más joven de la logia con 31 años. Sin embargo, el veterano José Luis Cobos, de 74 años, que fue delegado de una multinacional americana, apunta que muchos prefieren ocultar que son masones porque «se paga aún una factura social», como se demuestra, dice, cuando se ataca a algún político atribuyéndole ocultas intenciones al grito de ¡es masón!

Recuerda los rumores que señalan a Zapatero o a Rajoy como masones cuando en realidad, aclara, no lo son (sí lo fue el abuelo paterno del primero). Entre los «4.000 miembros activos» de las actuales órdenes masonas en España apenas se conocen figuras públicas: el exministro socialista Jerónimo Saavedra es el único que se les viene a la memoria que lo reconociera con normalidad.

Masones en el franquismo: exiliados o muertos

El franquismo liquidó la masonería («había dos tipos de masones: exiliados o muertos», dice Orlando) y la usó además como excusa para represaliar a muchos que no lo eran. «Abrió 80.000 expedientes [judiciales por masonería], pero los masones eran 5.000», dice la asesora fiscal Ascensión Tejerina, que fue de 2000 a 2006 la primera mujer en presidir una orden masónica en el país. En su caso la mayor, la Gran Logia Simbólica Española, a la que pertenece esta logia de Sevilla, su número 29.

La Logia Obreros de Hiram entronca su nombre con la simbología constructiva de la masonería (cuyo nombre deriva del francés maçon, albañil, como los antiguos miembros que levantaban catedrales): Hiram era el arquitecto del primer templo de Salomón en Jerusalén.

Su templo/taller del Polígono San Pablo se llama José Ramos en recuerdo del hombre que a su regreso del exilio en Brasil fundó esta logia en 1985, la primera en Sevilla desde la Guerra Civil. Antonio Hernández destaca que es la logia más antigua y también la más nutrida, aunque sus números siguen siendo muy pequeños: unos 35 o 40 miembros activos. Estima que todas las logias de Sevilla suman apenas 100 hermanos.

El presidente describe el mapa masón local. Hay cinco logias en Sevilla adscritas a cuatro organizaciones nacionales e internacionales. La Logia Itálica obedece a la Gran Logia de España, que sigue la tradición británica: al contrario que las otras, no admite mujeres y exige para ser miembro creer en la existencia de un ser supremo. La Logia Mediodía, como la de Obreros de Hiram, pertenece a la Gran Logia Simbólica Española; la Logia Tartessos es del Gran Oriente de Francia y la Luz de Al Ándalus se encuadra en la Orden Mixta Internacional El Derecho Humano. Anuncia Hernández que en junio abrirá una sexta logia en la provincia, en Marchena: estará bajo el manto del Gran Oriente de Francia y se llamará Antonio Machado en recuerdo del poeta e ilustre masón.

Epicentro masón

No hay ahora sevillanos conocidos que se declaren masones, pero en la República Sevilla era, junto a Barcelona, el epicentro español. Mencionan que en aquella España eran masones Manuel Chaves Nogales, Federico García Lorca, Blas Infante, Manuel Azaña, Santiago Ramón y Cajal o Fernando de los Ríos, bajo cuyo ministerio «se construyeron 14.000 escuelas en España». Había unos 160 diputados masones, de distintos partidos. Aunque recalca José Luis Cobos que la misión de la masonería no la guía el partidismo sino el deseo de hacer un bien colectivo. Sí hablan de política, pero con grandes conceptos. Cada mes celebran dos encuentros rituales cerrados y dos debates abiertos, que este año dedican a «la construcción de Europa».

Es la hora de la «tenida blanca abierta» y el salón se llena con medio centenar de hombres y mujeres, jóvenes y maduros, que vienen a conocer la masonería del siglo XXI. El «maestro» Cobos les explica lasimbología de sus elementos escénicos: las tres columnas de la sabiduría, la fuerza y la belleza, los rollos del trabajo de cada día, el damero de la bipolaridad de la vida, la cuerda con nudos de la solidaridad, las herramientas de albañilería, la plomada que busca el centro de los seres… Encima de un capitel hay un cesto con granadas. La fruta es una metáfora del equilibrio humano. Dentro, las pepitas están apretadas pero cada una conserva su individualidad y su semilla. Juntas representan el esfuerzo colectivo.

Salimos a la calle. En Francia, las sedes de sus 200.000 masones son conocidos centros públicos. Aquí, sin letrero por si acaso, estos otros obreros de la construcción están terminando de salir de la clandestinidad.

 

Fuente: ElMundo

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