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¿Por qué Franco odió tanto a los masones?

Franco y la Masonería

Nunca es tarde si la dicha es buena. Con este ánimo celebra la masonería española su asamblea ordinaria, este fin de semana en Madrid, con observadores de medio centenar de logias y orientes regulares del mundo. La reunión coincide con media docena de acontecimientos gozosos para la Gran Logia de España, que se han sucedido en los últimos meses. Demuestran cómo, poco a poco, la organización perseguida con saña por la dictadura franquista, hasta el punto de decretar su exterminio, va reponiéndose de los espantajos que la señalaron como uno de los peores enemigos de España. “El contubernio judeo masónico”, dijoFranco en septiembre de 1975, en su último discurso desde el balcón del Palacio Real, en la Plaza de Oriente. Muerto el dictador apenas cincuenta días después, la transición hacia la democracia fue lenta, pero supuso pronto la legalización de todo lo que execraba el régimen totalitario: partidos políticos, sindicatos, cientos de confesiones religiosas, los derechos de reunión y manifestación, las autonomías… La masonería hubo de esperar hasta mayo de 1979, y ello por sentencia de la Audiencia Nacional contra una insólita resolución del Ministerio del Interior denegando la inscripción en el registro de asociaciones.

Aún hoy se oyen voces contra los masones, presentados en España como una organización secreta y malvada. En 2005, el papa emérito Benedicto XVI dijo que la masonería “es pecado”, e igual, o peor, opinión ha expresado su sucesor, Francisco. “En esta tierra a finales del siglo XIX las condiciones para el crecimiento de los jóvenes eran pésimas. Esta región estaba llena de masones, comecuras, anticlericales y satanistas”, dijo el pontífice argentino en un encuentro con jóvenes en Turín en septiembre del año pasado. Semanas más tarde, una diócesis española suspendía a uno de sus sacerdotes por ser masón y una revista católica, Infovaticana, acusaba a la organización de matanzas y crímenes de todo tipo. La Gran Logia de España se tomó las ofensas con ironía, a través de su publicación de referencia, ‘El Oriente’. Lo hizo presumiendo de que tres de los grandes fabricantes de coches fueron masones, Henry Ford, los hermanos Chrysler y Andrés-Gustave Citröen. Presentó la cosa así: “Critica el contubernio con fundamento. ¿Quieres un argumento real para alimentar la masofobia? Sin los hermanos Chrysler, Ford y Citröen no habría atascos”.

Llegan los desagravios, poco a poco. El Colegio de Abogados de Madrid ha rehabilitado en enero pasado la memoria de 61 de sus colegiados, expulsados del colegio en 1939. El acuerdo intenta “cerrar heridas que jamás deberían haberse producido”, dice en un comunicado. Entre los rehabilitados está lo más granado del foro nacional en aquellos años, todos fallecidos, algunos ante el pelotón de fusilamiento, la mayoría en el exilio, sin poder regresar a España. He aquí algunos nombres: Jiménez de Asúa, Miguel Maura, Álvaro de Albornoz, Eduardo Ortega y Gasset, Ángel Ossorio y Gallardo, Ángel Galarza, Manuel de Irujo, Victoria Kent, Pedro Rico, Manuel Azaña, Augusto Barcia, José Bergamín, José Prat, Niceto Alcalá-Zamora, Demófilo de Buen….

También el Senado ha puesto este año una primera piedra para reconocer que la masonería también debe figurar en la memoria de los varios holocaustos perpetrados por los totalitarismos del siglo pasado. Por vez primera desde que la ONU impulsó el Día oficial de la Memoria del Holocausto, el Senado invitó a la Gran Logia de España a participar en el acto de conmemoración que tuvo lugar en la Cámara Alta en enero pasado. Fue el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, verdadero protagonista de ese homenaje, quien reclamó que dos representantes de la Gran Logia, el gran maestro Óscar de Alfonso y el director del gran consejo rector, Jesús Gutiérrez Morlote, participasen en el mismo.

Y aún otro motivo de satisfacción, quizás el más deseado: Pese a las gruesas palabras del papa Francisco contra los masones, el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Colegio Pontificio para la Cultura, acaba de publicar un artículo enL’Osservatore Romano con el título ‘Queridos Hermanos Masones’, invitando al diálogo entre la Masonería y la Iglesia Católica. La masofobia del famoso contubernio se está derrumbando por el flanco religioso.

Los masones no han parado de reivindicarse en los últimos cuarenta años, aunque con escasa fortuna. La última Conferencia Mundial de Grandes Logias Regulares, celebrada en San Francisco (California) el otoño pasado, debatió el caso: el enigma de una masonería nacional sometida todavía a vejaciones. “Nuestro país ocupa un lugar muy destacado en la historia de las persecuciones que hemos sufrido, pero no reside ahí el enigma. Los masones que nos visitan, que presumen con naturalidad en sus países de esa condición, se dan cuenta de que la España democrática no ha hecho ningún esfuerzo para restituir la honorabilidad a la institución”, afirma su máxima autoridad, con el título de Gran Maestro, el abogado valenciano Óscar de Alfonso Ortega. “Que tus acciones, y no tus palabras, hablen por ti”, es el lema este año del boletín de la Gran Logia de España.

Óscar de Alfonso Ortega acudió a la cumbre de San Francisco con una responsabilidad extraordinaria: además de líder de los masones españoles, preside desde el verano pasado la Confederación Masónica Iberoamericana, una de las organizaciones regionales más importantes de la masonería mundial, con 10.400 logias de 25 países y más de 350.000 miembros. “Para la masonería española, compuesta por apenas 3.000 personas, esa elección para un mandato de tres años, además de un honor, servirá para fortalecer nuestra Orden aquí y a nivel internacional”, dice.

Otoño de 1958 en el palacio del Pardo, en Madrid. Dos senadores y un alto militar estadounidenses, recibidos por el generalísimo Francisco Franco, sondean al dictador sobre sus intenciones ante una más que probable visita a España del presidente de Estados Unidos, el general Dwight D. Eisenhower. ¿Cómo sería recibido, con qué garantías, con qué intenciones? Franco se explaya, eufórico: Hay que exterminar la subversión comunista, quiere ayudar a Estados Unidos en su combate contra la Unión Soviética, aspira a afianzarse como reserva espiritual de Occidente, hay que acabar con la masonería… Un senador le corta: “Señor, el presidente Eisenhower es protestante, yo soy masón y mi colega en el Senado es judío. Los tres estaríamos en la cárcel en este país”. El militar, el aristócrata Eugene Vidal, instructor aeronáutico en la famosa academia West Point,remachó con saña. “No, no, excelentísimo señor. Yo soy también masón y aquí estaría fusilado”. El relato de la entrevista lo hizo, años después, el político y gran escritor Gore Vidal, hijo del militar Eugene Vidal y nieto de otro senador de EEUU, Thomas P. Gore.

Franco se quedó lívido. Pero se deshizo en promesas. Nada le importaba más que pasearse por las calles de Madrid con el líder de una potencia mundial, que finalmente llegó a España un año más tarde, el 21 de diciembre de 1959.

Sería el culmen de una lenta aceptación internacional, que se inició con el reconocimiento temprano del Estado vaticano. Para entonces, el régimen nacionalcatólico había permitido la apertura de unas pocas iglesias protestantes (por cierto, con la airada protesta de los obispos de entonces: “Jamás conceder los mismos derechos al error que a la verdad”, escribieron en una pastoral conjunta). También empezaron a regresar a España algunas familiar judías. Con los masones no hubo tregua. Fueron exterminados de raíz, o eso creía la dictadura. Sin que los historiadores hayan encontrado una causa razonable (quizás detestaba a su padre y al hermano Ramón, notorios masones; quizás porque había sido rechazado él mismo por una logia), Franco fue un perseguidor implacable, criminal, de la famosa orden iniciática universal. He aquí un dato extravagante, si no fuera trágico: Pese a no haber en 1936 más de 5.000 asociados a la masonería, a lo sumo 6.000, la ley para la represión de la Masonería dio paso a casi 18.000 procesos, culminados en el pelotón de fusilamiento, en años de cárcel o en un exilio exterior o interior después de ser desposeídos de sus bienes.

La transición hacia la democracia fue lenta entre 1975 a 1982, sobre todo para la masonería. Recuperadas todas las libertades que definen a un Estado moderno, los masones tuvieron que acudir a los tribunales para recuperar la suya. El Ministerio del Interior les denegó dos veces la inscripción en el registro de asociaciones, que ganaron en mayo 1979 mediante una severa sentencia de de la Audiencia Nacional. El ministro que avaló la decisión de marginar a los masones fue Rodolfo Martín Villa (en el cargo entre julio de 1976 a abril de 1979), aunque el pleito se sustanció siendo ministro el teniente general Antonio Ibáñez Freire, condecorado antes con la Cruz de Hierro por sus actos de servicio a Hitler en la División Azul.

Hubo un tiempo en que la masonería española fue numerosa y poderosa. Sólo en la primera legislatura de la II República se sentaron en las Cortes 135 diputados del Grande Oriente y 16 de la Gran Logia, o sea, 151 sobre 470 parlamentarios. Fue, con mucho, la minoría más numerosa. Con alguna razón se dijo que la República fue en gran medida una operación masónica. Masones fueron seis presidentes del Consejo de Ministros (Manuel Azaña, Francisco Casares, Diego Martínez Barrio, Manuel Portela, Ricardo Samper y Alejandro Lerroux), 20 ministros y 14 subsecretarios. Y masones eran 21 generales, entre ellos Miguel Cabanellas.

La fuerza de la masonería no era una excepción en Europa y América. Cuando la humanidad acabó con la intolerancia de todo tipo, sobre todo la religiosa, y se impuso la Ilustración en el llamado Siglo de las Luces, el XVIII, los masones se multiplicaron. Lo fueron, por ejemplo, los grandes libertadores americanos, el cubano José Martí, los estadounidenses George Washington y Benjamin Franklin, el venezolano Simón Bolivar, el mexicano Benito Juárez, el cubano José Martí…), y también Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill, sin hablar de grandes pensadores, artistas y escritores.

Fuente: El País

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Carta abierta de la Masonería a la Sociedad Española

Gran Logia de EspañaCarta abierta
a la Sociedad Española

La Gran Logia de España, ante los profundos problemas que actualmente nos aquejan como sociedad, desea dirigirse por vez primera en su historia y de forma excepcional a todos los ciudadanos.

Debemos reconocer, con humildad, que la Gran Logia de España ni tiene la capacidad ni le corresponde dar respuesta como institución a los problemas del país. La Masonería tiene como único objetivo el perfeccionamiento moral de sus integrantes. Las tradiciones ancestrales de las que somos custodios llevan a la persona que pasa por ellas a perseguir la pureza de su propia conducta. Nuestra aportación serena y profunda está donde siempre ha estado: en cada miembro de nuestra Orden que pisa la calle, pues reside en él y sólo en él la esperanza de una correcta interpretación de su compromiso masónico.

Si difundimos, como institución, por vez primera una carta abierta lo hacemos para compartir nuestra profunda preocupación ante dos cuestiones que afectan a la Sociedad Española y, en consecuencia, a todos los miembros de la Gran Logia de España.

La falta de honestidad

Creemos que la ausencia de valores está en la raíz de la situación que padecemos hoy día. No podemos buscar soluciones a la crisis únicamente en un ámbito técnico, desatendiendo el debate moral y ético que recupere los valores que nunca debieron perderse.

La Sociedad Española no puede permanecer por más tiempo callada frente a la actual crisis de valores individuales y colectivos. España necesita un compromiso en su vida pública, una reflexión real y profunda en torno a la honestidad, operadores económicos y políticos honrados, personas rectas que sientan entre sus valores primordiales la necesidad de perseguir un bien común imprescindible para la convivencia democrática y el normal funcionamiento de nuestras instituciones.

La Masonería Española invita especialmente a todos los españoles a responder desde la intransigencia a cualquier forma de corrupción, pues la tolerancia, esencia de la Masonería, no puede nunca ser practicada ante acciones que no sólo empobrecen las arcas públicas de todos, sino que generan un inmenso mar de desconfianza y recelo en la ciudadanía contra aquellas instituciones que son garantes de nuestra armonía social.

El sufrimiento de las personas

Nada de lo que concierne al ser humano es ajeno a la Masonería. Como institución decimos que es imposible ignorar el sufrimiento por más tiempo. El apoyo a los más débiles debe prevalecer ahora más que nunca en nuestro país. Es necesario volver a redescubrir la naturaleza del bien común frente a los desfavorecidos, obrar de acuerdo con los dictados de la conciencia, poner en práctica en cada acto cotidiano un ideal colectivo de Paz, Amor y Fraternidad. Por ello invitamos a todas las personas a actuar en su entorno más inmediato a favor de los más necesitados, porque lo contrario, sobrellevar el día a día sin sentirse vinculado con las víctimas que está generando la actual situación, destruye nuestra propia humanidad.

Está en la mano de todos nosotros responder juntos.

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¿Cuál es el significado de los símbolos masónicos?

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Artículo publicado en: ABC

La organización basa su método de aprendizaje en la interpretación de símbolos ya existentes que emplean para transmitir valores morales

El edificio de la Gran Logia de Madrid impone aún sin dar un solo paso al interior. La gran puerta plateada que no permite ver ni un resquicio del mundo masónico que se abre en la céntrica calle Juan Ramón Jiménez, consigue diferenciarse y llamar la atención pese a estar rodeada de hermosas y soberbias fachadas.

Solo con esperar unos minutos, recorrer la entrada con la mirada y comprobar cómo la pequeña cámara junto al timbre reconoce al visitante, es difícil no hacerse a la idea de que detrás de esas enormes puertas hay algo más que una simple vivienda.

Como si de una metáfora se tratara, el halo de misterio y grandeza que desprende la entrada se difumina al entrar al enorme recinto y se diluye la idea que se tiene de esta famosa y controvertida organización. Y es que la casa de los masones de Madrid es simple, al igual que sus objetivos, pese a que la historia se haya empeñado en creer lo contrario.

Al entrar, no hay masones con túnicas balbuceando algún conjuro, ni ningún espacio especialmente extraño. Y es que la masonería «no enseña a levitar», broma Javier Escalada, Gran Maestro Provincial de Madrid. Incluso, para dar alguna explicación referente a la organización usa el símil de «club de fútbol».

«Mejorar a las personas moralmente»

La masonería tiene un objetivo muy claro: «mejorar a las personas moralmente», señala el Gran Maestro. «Quien quiera buscar a Dios, tiene una iglesia católica, evangelista…quien quiera hacer caridad puede ir a Cáritas (aunque colaboramos con ellos) o a Cruz Roja…nosotros enseñamos un método para que las personas mejoren a través de la reflexión».

Los valores que defienden se plasman en diferentes símbolos. De hecho, el «método masónico» y lo que justifica que una persona decida formar parte de esta organización, consiste en un aprendizaje a través de «signos y no palabras, porque estas limitan».

La interpretación de símbolos ya existentes se utilizan para que cada masón haga una reflexión sobre los actos de su vida. Posiblemente, el más genérico es el de la escuadra y el compás invertido y la letra «G» en el medio. «Un escuadra es un ángulo recto, es rectitud, que nos lleva a preguntarnos si estamos siguiendo un camino recto o si habría que hacerlo de otra manera. También alude a marcar límites, como los marca el compás. Y la letra G alude al Gran Arquitecto del Universo». El Gran Arquitecto es el «Dios» de los masones. No se lo identifica con nadie, de hecho, «cada uno puede ponerle turbante, barba o lo que considere, para la logia es simplemente el arquitecto del universo», explica Escalada.

Sobre el símbolo se contruyen todas las logias. «Usamos signos basados en los constructores de catedrales». Cada logia tiene un nombre determinado, generalmente asociada a un valor (Fénix, Fraternidad Universal, Hermes, Luz Fraterna, Fénix, La Matritense, La Tolerancia…) y un «logo», es decir, un escudo con un símbolo, que es una alegoría.

Iniciarse en la masonería

¿Cómo se inicia una persona en la masonería?. El primer requisito es ser mayor de edad pero además, hay «requisitos de coletilla, es decir, ser una persona de buenas costumbres». Para saberlo, se hace una entrevista, «como si fuera de trabajo» , y se le pregunta al iniciado qué hace, de qué trabaja, incluso cómo se lleva con su mujer o si ha tenido problemas con la justicia.

En el rito de iniciación la persona que quiere ser masón llega con los ojos vendados y hace un juramento para guardar secreto y se le invita a usar determinados valores.

Además, debe quitarse lo metales profanos (anillos, collares, etc). Esto tiene una explicación: «Todo lo que soy lo dejo atrás, dejo afuera mis prejuicios, todo fuera del templo», explica Escalada.

Cámara de la reflexión

Por otro lado, también hay una habitación de la reflexión, que forma parte de rito de algunas logias (siete en total), en las que el iniciado se encierra en una sala muy pequeña, casi a oscuras. «Es una especie de cueva, gruta o lugar oscuro que representa el vientre de la madre en la oscuridad para volver a salir, porque la iniciación supone morir como profano para nacer como masón», explica el Gran Maestro.

Además, en el suelo hay arena para simbolizar la gruta, un esqueleto de plástico, una mesa pequeña con velas, azufre, sal, agua… elementos alquímicos para que los iniciados escriban qué significan. Se hace un testamento masónico en el que se pregunta qué le debe a Dios, a la sociedad y a uno mismo.

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Cámara de reflexión

El día a día de un masón es igual al de cualquier persona. «Se hacen tenidas (reuniones) dos veces al mes con todos los miembros de la logia con un ritual (mandiles, etc) y además, hay un taller de formación, un día adicional al mes para hacer una reflexión escrita sobre por ejemplo, la rectitud, siempre en un contexto de moral o de actitud frente a la vida». Eso sí, está «prohibido hablar de religión o política, sobre todo para evitar discusiones».

Las «tenidas»

En las tenidas o reuniones se reúne la logia y los miembros ocupan un sitio en función de su jerarquía: los aprendices se sientan a la izquierda, los compañeros a la derecha y el Maestro en el centro.

Todos deben ir vestidos con traje oscuro, camisa blanca y corbata negra. Las salas están cargadas de simbología: escudos de otras logias, en el suelo un damero en blanco y negro, que alude a la dualidad de mujer-hombre, malo-bueno o equilibrio entre colores, o una espada para los actos de Gran Logia. «Uno de los oficios es el guardatemplo: Cuando se realiza la tenida hay un hermano con una espada que simboliza que nos protege del mundo exterior».

También existen signos y palabras que identifican a un masón de un profano y que se usan en las reuniones. Algunos son específicos para cada uno de los tres grados de masonería: Aprendiz, Compañero y Maestro.

Después de las tenidas hay un brindis (ágape) y se brinda primero por El Rey, segundo por todos los jefes que protegen la masonería y tercero, por el Gran Maestro.

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Signos que se realizan durante las tenidas para identificar a aprendices (primera figura), compañeros (segunda) y maestros (tercera)

Los «toques»

Los «toques» son señales de reconocimiento sobre todo en el exterior que se hacen habitualmente al darse las manos, y que permiten reconocerse entre masones. Como ellos dicen: «nos permiten reconocernos de día y de noche, sin necesidad de intercambiar palabra alguna».

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Las manos y los dedos se colocan de determinada forma para identificar la categoría.

«Decir que eres masón es un problema»

La masonería como se la conoce actualmente, la especulativa, nace en 1717, y se caracteriza por la reflexión sobre la acción. Surgió después de la operativa, que «eran los que picaban la piedra, los constructores». Así, fueron surgiendo tendencias y la masonería cumple una función diferente en cada país. Pero en el caso de España un capítulo ha impedido que la organización sea vista con la normalidad de otros países como Estados Unidos, Chile o Argentina. «El problema que hemos tenido aquí ha sido la dictadura. En la puerta tenemos una pintada que dice: “masones rojos y Viva Franco”», lamenta Escalada. «Decir que eres masón es un problema en algunos ámbitos».

Aunque en España el número se mantiene estable: hay 4.000 masones en nuestro país, de los que 2.700 pertenecen a la Gran Logia de España (hay que tener en cuenta que hay otras logias, incluso, las que solo agrupan a mujeres).

Secretismo

Otra cuestión es el secretismo del que se les acusa. «A mí me encantaría ver la reunión de la junta directiva del Santander o un Consejor de Ministros. Aquí hay reuniones que no son abiertas porque si se hace una reflexión sobre un sentimiento íntimo le tengo que proteger», justifica Escalada.

En cuanto a los miembros, siempre ha habido mitos sobre políticos que podían serlo. «Desde luego, ningún expresidente de España de la democracia es masón. No hay tampoco ningún diputado y senador actualmente. En este país no es habitual», asegura el Gran Maestro. «Lo que sí hay es dentistas, médicos, pequeños empresarios, informáticos, había un albañil hasta hace cuatro meses, policías, militares y sí, políticos pero a nivel minicipal y regional».

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La Real Academia enmienda la definición de la Masonería

masonería RAELa Real Academia Española de la Lengua ha publicado la 23ª edición de su Diccionario, en el que ha enmendado la definición de la voz Masonería recogiendo por primera vez aspectos tan relevantes de su identidad como su vocación universal, su carácter iniciático, la búsqueda del conocimiento de uno mismo a través del librepensamiento y el sentimiento fraternal de los masones hacia todos los seres humanos. Además, el diccionario ha dejado de definir a la Masonería como una “asociación secreta”, cuya existencia está expresamente prohibida por la Constitución Española de 1978.

La Real Academia publicó la primera edición del Diccionario de la Lengua Española en 1780, pero la Masonería no fue definida hasta la novena edición de 1843, como “asociación clandestina, en que se usan varios símbolos tomados de la albañilería, como escuadras, niveles, etc”. La definición permaneció inalterada hasta 1925, cuando la palabra “clandestina” se sustituyó por “secreta”, reforzando la idea de su carácter ilícito.

En 1984, ya en democracia, la Real Academia generó una nueva definición: “asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias”. La definición perseveraba en el supuesto carácter secreto de la Masonería, aunque cuatro años antes de su publicación el Registro de Asociaciones del Ministerio del lnterior había procedido a la inscripción pública de la Gran Logia de España con el número 37.256. La aprobación de la Constitución había reconocido el derecho de asociación, generando un marco democrático que ampara y protege la actividad pública de la Masonería al servicio de la sociedad.

La definición recogida por nuevo Diccionario de la Lengua Española define a la Masonería como una “Asociación universalmente extendida, originariamente secreta, cuyos miembros forman una hermandad iniciática y jerarquizada, organizada en logias, de ideología racionalista y carácter filantrópico”.

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Los masones “siempre hemos formado a las personas para ser mejores”

El diputado gran maestro de la Gran Logia de España ha iniciado un ciclo de conferencias sobre la historia de la masonería en España, país en el que cuenta con menor presencia pública que en Europa y América.

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Enrique Cervantes

 En su intervención, Enrique Cervantes Vargas ha asegurado que los masones “cada vez son menos desconocidos”, si bien en América su presencia pública es frecuente, a diferencia de España, donde estuvo duramente perseguida por la dictadura franquista.

Pero la persecución ha estado muchas veces presente en la historia “dura” de este colectivo, por lo que esto les ha provocado a verlos con “misterio”.

Por eso considera normal, sobre todo remontando en la historia, “por haber hablado, por ejemplo, de igualdad o de libertad de conciencia en 1700″.

En la actualidad y de cara al futuro, Cervantes habla del propósito de “crear valores objetivos, porque son más necesarios que nunca”. “Lo que hemos siempre es formar a las personas a ser mejores con principios éticos y morales”, ha afirmado.

Con la conferencia ‘La masonería, escuela de formación humana. Pasado, presente y futuro de la masonería española”, se inició el viernes el ciclo de conferencias sobre masonería y librepensamiento, organizado por la asociación cultural Ávila Abierta.

Para el viernes 26 está anunciada la intervención de Jesús Soriano Carrillo, doctor en Ciencias Geológicas y soberano gran comendador del Supremo Consejo del Grado 33, que hablará sobre ‘La masonería filosófica y los derechos y libertades del ciudadano’; mientras que el 3 de octubre 3 acudirá Pedro Álvarez Lázaro, sacerdote jesuita, catedrático de Historia de la Universidad Pontificia de Comillas y miembro de la Real Academia de la Historia, quien titula su intervención ‘Masonería e Iglesia Católica. Génesis y desarrollo de un conflicto inacabado’ (Palacio de los Serrano, 20 horas).

 

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Fuente: Avilared

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Masones: viaje a los secretos de la Gran Logia

ABC acude a su sede en Madrid y descubre los lugares, ritos y simbolos de esta enigmática hermandad, todavía activa pero «con menos influencia»

Son cerca de 400, distribuidos en 18 congregaciones diferentes y todos celebran sus misteriosas reuniones en la sede de la Gran Logia, ubicada en calle de Juan Ramón Jiménez. Pese a no tener tantos miembros y probablemente tampoco tanta influencia como en otros países u otras épocas, la hermandad de los masones continúa muy activa en Madrid.

A pesar de los intentos de apertura efectuados en los últimos tiempos, un halo de misterio sigue rodeando a esta organización. Frente a las acusaciones de tener oscuros objetivos de poder, su líder en Madrid, Javier Escalada, defiende que se trata de una «escuela de perfeccionamiento personal» para personas con inquietudes, un lugar en el que aprender y debatir sobre valores como la libertad, la igualdad, la tolerancia o la solidaridad.

Según se recoge en su web, el acceso está abierto a todo varón mayor de 21 años que reúna tres requisitos: ser libre, tener buenas costumbres y creer en la existencia de un Dios o principio superior. En función del carácter del solicitante, este es asignado a una de las 18 logias agrupadas en la Gran Logia de Madrid. Cada una de ellas tiene su propio estandarte y se diferencian fundamentalmente por los horarios de reunión, sus objetos de estudio y los ritos que practican.

Antes de completar su ingreso, los candidatos deben cumplir con el ritual de iniciación, el momento en el que «mueres como profano y naces como masón». Desde la Logia intentan mantener el contenido de este ritual en secreto, para que la impresión sea mayor, pero se conocen algunos detalles. Los iniciados suelen entrar en la habitación semioscura donde están congregados sus compañeros, con los ojos tapados, un hombro descubierto, una manga subida, un pie en una zapatilla y una soga anudada en torno a la cabeza. A continuación, se ejecutan una serie de movimientos y ritos de iniciación. Uno de los más llamativos consiste en encerrarlos en una cámara oscura con un esqueleto de plástico, un gallo disecado, agua y azufre, para que escriban sus reflexiones.

Amuletos y música

En las «tenidas» o reuniones, cada logia celebra sus propios ritos, un complejo conjunto de símbolos, lecturas y ceremonias estructurados en torno a un mismo tema o lección moral. Todos los miembros van vestidos con traje negro, camisa blanca y corbata, aunque en ocasiones también llevan amuletos, guantes y mandiles. Normalmente se suele poner música clásica de fondo, aunque una de las logias prefiere oír Pink Floyd. El rito está presidido desde el llamado «Trono del Rey Salomón» por el Venerable, único que conoce íntegramente el contenido de la ceremonia.

Los masones se dividen en tres categorías: Aprendices, Compañeros y Maestros. Los Vigilantes son los encargados de tutelar la formación de los miembros, que estudian temas de filosofía, historia, alquimia, religión, cábala, arquitectura o los propios ritos masónicos. Para cambiar de categoría, se deben someter a una especie de exámenes, una ceremonia en la cual se le hacen preguntas sobre los símbolos y el funcionamiento de la masonería. En las «tenidas», los Aprendices se sientan siempre en el Norte (el lugar más alejado de la luz), los Compañeros en el Sur y los Maestros en el Oeste.

Los Aprendices son también los encargados tanto de preparar la ceremonia como de servir los ágapes que siempre se celebran tras las mismas. En ellos, los miembros de la logia hablan libremente de cualquier tema, con la excepción de política y religión. Además, la Logia organiza otras actividades como charlas, fiestas, acampadas o incluso concentraciones moteras.

Aunque se conocen entre ellos, los masones se comprometen a no revelar la identidad de sus hermanos. Se trata, sostienen, de una decisión individual de cada cual. Debido a la mala fama de la que gozan en España —a diferencia de otros países como Estados Unidos, Francia o Inglaterra—, fomentada por el Franquismo, la mayoría prefiere mantenerlo en secreto.

Por tanto, resulta complicado saber quién es masón hoy en día. Según su presidente en Madrid, Javier Escalada, hay gente de profesiones muy diversas, incluso parados, pero los más habituales son «pequeños y medianos empresarios». Respecto a su influencia, sostiene, es «diferente y menos evidente» que en épocas anteriores. «Tenemos menos poder que hace un siglo», concluye.

Fuente: ABC

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Masonería, arte para la humanidad

David Martín, Óscar de Alfonso Ortega y Jerónimo Saavedra desgranan el pasado y presente de esta institución filantrópica, así como sus implicaciones artísticas

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David Martín, Jerónimo Saavedra y Óscar de Alfonso Ortega.

La clausura de la XXIII edición de la Universidad de Verano de Maspalomas ha estado constituida por un curso sobre Masonería, arte y humanidad”, que se desarrolló durante toda la jornada del jueves, y fue impartido por tres ponentes, el investigador David Martín López, Óscar de Alfonso Ortega, Gran Maestre de la Gran Logia Española y el Diputado del Común Jerónimo Saavedra.

Cualquier religión, organización o grupo puede ser más fácilmente conocido a través de aquello que crea para todos, y no como algo exclusivo de sus miembros. De esta forma, la primera conferencia fue la que más información aportó a los profanos en la materia que habían acudido a tratar de conocer algo más de una de la organización más injustamente vilipendiada de la historia.

De este modo la primera conferencia fue impartida por David Martín López, nacido en Tenerife, miembro del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada, con una tesis sobre Estética masónica, arquitectura y urbanismo (siglos XVIII-XX). La conferencia consistió en una aproximación a la estética masónica y como ha interactuado con las artes, desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Los masones han desarrollado una estética que supone un sistema simbólico completo que actúa como un metalenguaje. Se demostró la presencia de símbolos masónicos en multitud de obras de arte y creaciones arquitectónicas, y se analizó diferentes aspectos de la estética masónica en el urbanismo filantrópico, el simbólico, la arquitectura historicista medievalista, la gran afición que han tenido los masones por el neogótico, la egiptomanía masónica, la arquitectura funeraria, la tipología de logia, el jardín y la masonería y la noción de progreso desde la perspectiva masónica.

Asimismo, David Martín López contextualizó el devenir patrimonial de la masonería en Canarias con sus creaciones arquitectónicas y pictóricas más relevantes donde la santacrucera Logia de Añaza a la obra de Néstor Martín Fernández de la Torre.

A su vez, esta conferencia abordó concisamente diferentes hitos en la estética masónica internacional en diferentes países, desde el Reino Unido hasta Portugal, pasando por Estados Unidos, Francia y Bélgica, deteniéndose más con los españoles y más concretamente canarios. De esta forma se nos reveló que manifestaciones como la Ciudad Lineal de Arturo Soria, las viviendas sociales de Francisco Azorín Izquierdo, la obra arquitectónica de Juan Monserrat Vergés, el Mausoleo de la Quinta Roja de la Orotava, la Logia de Añaza o el Templo de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, o la pintura de José Aguiar.

Presente y futuro

A continuación, después de esta conferencia centrada en las creaciones que los masones realizaron en el pasado, Óscar de Alfonso Ortega, Gran Maestre de la Gran Logia Española, dio un giro de ciento ochenta grados al contexto al hablar del presente y futuro de la masonería en España. Su conferencia fue muy somera y especialmente práctica, para él la masonería tenía muchos valores que ofrecer a la sociedad, pero el fundamental que destacaba sobre todos es el de la fraternidad, esta sólo puede ser auténtica si está basada en dos conceptos, reciprocidad y lealtad. Sobre todo subrayó que la mejor herramienta que poseen los masones es el ejemplo, y que si los miembros de esta fraternidad no obran fraternalmente, es decir, como auténticos hermanos, todo lo que la masonería puede hacer por el mundo caerá en saco roto.

Tras estas dos ponencias, a modo de epílogo Jerónimo Saavedra hizo una breve reflexión sobre la masonería en Canarias. El Diputado del Común dividió la historia de la masonería en Canarias en tres periodos: el primero está constituido por aquellos canarios que participaron en la Guerra de la Independencia y sus contemporáneos como Tomás de Iriarte y el cura Manuel Díaz Hernández de La Palma, la segunda que iría de 1870 a 1890, que comienza con la Revolución Gloriosa y supone una vivificación de la masonería después de haber sido perseguida por el absolutismo y en la que destacó al alcalde de Las Palmas Antonio López Botas, que fue Venerable Maestro de la logia Afortunada y finalmente el tercer y último periodo fue el que surge con la Segunda República y va hasta 1936, en el cual la masonería que floreció bajo la libertad creada por el gobierno republicano fue finalmente destruida y saqueada durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, quedando como un cuarto punto al situación actual de al masonería resurgida cual ave fénix, un símbolo masónico muy apropiado, gracias a la democracia.

De este modo la masonería, también conocida por sus miembros como el arte real quedó desvelada de una manera elegante y somera, alejada de todas las vulgares acusaciones conspiranoicas que desgraciadamente abundan cuando quienes no saben qué es esta organización iniciática se dedican a hablar sobre ella. En definitiva pudimos disfrutar de algo que lamentablemente no es muy común, unas conferencias ilustrativas que mostraron a la masonería como lo que realmente es, una organización fraternal que haciendo honor a sus valores siempre trata de hacer a los hombres libres, iguales y hermanos.

Fuente: LaProvincia

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La Masonería Española ante el ataque de su sede en Madrid

Masonería sede ataque

La Gran Logia de España ha sido víctima de un ataque perpetrado contra su sede en Madrid. Esta semana la puerta y fachada principal amanecían cubiertas de grabados entre los que se distinguían expresiones como “Massoness no” (sic), “Rojos no” o “Viva Franco”, además de diversos símbolos utilizados por la extrema derecha.

Desde la Gran Logia de España queremos agradecer las muestras de apoyo de personas, instituciones españolas y Grandes Logias de todo el mundo cada vez que padecemos uno de estos ataques. En la historia internacional de la Orden, nuestro país ocupa un lugar preeminente entre aquellos donde la Masonería y sus valores fueron perseguidos con mayor crudeza, eficacia y perseverancia durante el siglo XX. Por eso, especialmente con las Grandes Logias y Grandes Orientes de los 174 países con los que mantenemos relaciones, nos esforzamos por explicar que, a pesar de estas expresiones puntuales de odio, fanatismo e intolerancia, el Estado español ampara y protege a la Masonería, como ocurre en la totalidad de los Estados democráticos del mundo.

Este no es el primero ni será el último ataque a la Orden que desde hace siglos se esfuerza por ser un faro que proyecte los valores que han permitido al hombre construir sociedades cada vez más justas y democráticas. Sabemos que no somos los únicos defensores de esos valores, pero también sabemos que, como masones regulares, llevamos defendiéndolos toda nuestra larga y augusta historia. La unica utilidad de estos ataques es recordarnos la enorme fragilidad de ese sistema de valores: el derecho a pensar y expresarse libremente, la fraternidad debida hacia cualquier ser humano que sufre, la tolerancia entre personas con diferentes creencias espirituales e idearios sociales, o la obligación que tenemos todos los seres humanos de conocernos a nosotros mismos para crecer como personas y ser más útiles a nuestras sociedades.

Que este ataque sirva, a nosotros y a la Sociedad Española a la que servimos, para reflexionar juntos sobre la belleza de ese ideal de convivencia al que se ataca y el largo camino que aún nos queda por recorrer para alcanzarlo.

Gran Logia de España

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La UNED aborda el papel de la Masonería en la formación del Estado Constitucional

UNED MasoneríaEl Gran Maestro de la Gran Logia de España, el Muy Respetable Hermano Óscar de Alfonso, intervendrá en el curso Doscientos años de la Masonería en España, que forma parte de la XXV Edición de los Cursos de Verano organizados por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Desde diferentes puntos de vista académicos, se expondrá la actuación de la masonería española a lo largo de los dos últimos siglos, y la influencia que dicha institución haya podido tener en diferentes ámbitos de las sociedades española, relacionándola con la conformación del Estado Constitucional, evolución del pensamiento filosófico, derechos y libertades“, explica la Universidad. “La inclusión como ponentes de personalidades muy representativas de la actual Organización masónica española permite contar con una visión de la realidad presente de dicha institución“, añade.
Además del Gran Maestro de la Gran Logia de España, en el curso intervendrán la Profesora Titular de Historia Contemporánea de la UNED, Rosa María Martínez; el Profesor Titular de Derecho Constitucional de laUNED, Cayetano Núñez Rivero; el Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para España, Jesús Soriano; el Catedrático de Historia de laUniversidad de Salamanca, Manuel Salinas; el Catedrático de Historia de la Universidad Pontificia de Comillas, Pedro Álvarez; el Diputado del Común de Canarias, Jerónimo Saavedra; y el Pasado Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para España Ramón Torres.
La UNED ha configurado esta programación desde su capacidad para formar parte de los debates que hoy en día plantea la sociedad sobre los más diversos temas“, explica la Universidad. “Se pretende que Universidad y sociedad hablen, se escuchen, planteen preguntas y sean capaces de ofrecer respuestas desde los ámbitos más especializados del conocimiento“, añade.
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Los masones vuelven a Almagro 80 años después

Mqasonería en Almagro

Almagro acogió una reunión de logias masónicas

Después de más de 80 años de ausencia, la masonería española vuelve a trabajar en la ciudad de Almagro. Integrantes de cuatro logias de la Gran Logia de España, provenientes de Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Madrid, se reunieron en Almagro con ocasión de la celebración de San Juan de Verano, aniversario de la creación de la primera Gran Logia en la ciudad de Londres en 1717.

Según recuerda en una nota de prensa Javier Rivas, venerable maestro de la logia Aleph 147, durante el siglo XIX y XX la masonería española estuvo presente en la provincia de Ciudad Real, con una significativa actividad en poblaciones como Manzanares, Ciudad Real, Valdepeñas y la propia Almagro, donde las logias “desempeñaron un importante papel en la formación de los ciudadanos y en servir como vía de expresión a sus inquietudes sociales, así como de sus miembros”.

La logia Aleph 147, que bajo la autoridad de la Gran Logia de España-Grande Oriente Español lleva a cabo su trabajo en Castilla-La Mancha, se ha propuesto desde su origen, señala Javier Rivas, “trabajar en los diferentes pueblos y ciudades de la región, y en especial en aquellos con una tradición masónica significativa, intentando aportar un mensaje de tolerancia, fraternidad y respeto, fundamentales para cualquier sociedad que se precie de ser libre”.

La masonería se define como una fraternidad simbólica de carácter filantrópico, iniciático y universal, abierta a personas de todas las creencias religiosas y políticas, con el único requisito de la creencia en un Ser o Principio Creador, así como el desarrollo interior y mejora del individuo.

“Queremos agradecer a la ciudad de Almagro que haya conservado no sólo su patrimonio arquitectónico y cultural, sino también esa identidad que la hizo merecedora en el pasado de que personas libres, con inquietudes sinceras por el progreso, la libertad y el ser humano, decidieran crear aquí ‘… a lo menos junta de masones’, como refiere J. Martínez Millán en ‘La masonería en la historia de España’”, explica el maestro de Aleph 147

Fuente: Lanzadigital

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