Archive for Esoterismo

“Saber Tradicional: La Alquimia a través de sus símbolos”

Conferencia de Luis Silva sobre la simbología de la alquimia usada en grabados antiguos, algunas vinculadas a imágenes usadas en Masonería.

Esta conferencia está dividida en dos vídeos. A continuación la primera parte:

Share Button

La llamada de la Masonería

“La Magia de la Francmasonería” (1927)

Arthur Powell

CAPÍTULO I
la magia de la francmasoneríaTodo el que sienta los ideales de la Francmasonería se debe haber preguntado alguna vez por qué esta Orden le atrae, y qué es lo que en ella le retiene. En realidad somos muchos los que nos hacemos esta pregunta continuamente, y formulamos respuestas que no afectan más que a los bordes del problema, porque siempre hay un elemento que se nos escapa: algo intangible e indefinido que no podemos localizar, definir o analizar a pesar de que es absolutamente real de que está definido de un modo perfecto y de que existe sin duda alguna algo que ejerce inconfundible seducción; algo que, al mismo tiempo que aplaca el hambre interior, la aumenta en grado extraordinario; algo misterioso, seductor y estimulante; algo que nos arrastra perpetuamente delante, como finito impulso hacia un infinito objetivo.
Más notable todavía es que nos percatemos de ello mucho tiempo antes de que sepamos
lo que es en realidad la Francmasonería (la cual, no obstante, sentimos en el fondo de
nuestro corazón). Pues aunque la mayoría de los candidatos a la Masonería tengan una
idea vaga y general de que ésta es digna de respeto y crean que es una venerable
institución que inculca elevados ideales relativos a la vida no les es dable saber mucho
más acerca de esta asociación. Poco o nada puede saber el profano de sus ceremonias,
aunque sepa que éstas existen. No obstante, la absoluta ignorancia de las enseñanzas y
métodos de la Francmasonería no es obstáculo para que los hombres se sumen a su
Fraternidad. Tampoco explica el problema la cínica afirmación de que la atracción que
los hombres sienten por la Orden se debe a mera curiosidad, pues casi todos los
masones saben por propia experiencia que esto no es cierto.
En todas las demás cosas solemos mirar antes de dar un salto y procuramos informarnos
antes de dar un paso definido o de lanzarnos a alguna empresa. La más elemental
prudencia nos aconseja que averigüemos en qué consiste la institución a que deseamos
adherirnos, o el plan que hemos de seguir. No obstante, poco a nada podemos saber de
antemano acerca de la Francmasonería, pues hasta los mismos masones serían las
últimas personas del mundo en revelarnos algo referente a ellos o a su institución. A
pesar de todo esto entramos en su Fraternidad convencidos plenamente de que no vamos
por mal camino, y nos zambullimos en las tinieblas sin sentir escrúpulos ni cortedad,
respondiendo a una llamada interior que no sabemos explicar ni comprender .
Aún más: sabido es que ningún hombre sensato es capaz de opinar sobre los asuntos
corrientes de la vida antes de haber hecho un examen detenido. Pues bien, cuando se
trata de Francmasonería ocurre lo contrario, porque todos solemos tener una idea
favorable y preconcebida de nuestra Orden, que es la que nos induce a sumarnos a ella.
Así que la Francmasonería tiene un sello característico que la diferencia de todas las
demás cosas del mundo, aun antes de que dé comienzo nuestra vida masónica.
Sin embargo, antes de que sondeemos profundamente en este factor misterioso e
intangible que constituye el corazón y la entraña de la atracción que nos impulsa hacia
la Masonería, es conveniente ,que pasemos revista a unos cuantos de los demás aspectos
de esta atracción, cuyo aislamiento y examen no es difícil de hacer .
El ritual sencillo, dignificado y bello ha desaparecido casi por completo del mundo
moderno. Es cierto que la Iglesia Católica y la alta Iglesia Anglicana conservan todavía
gran parte de ritual, el cual se ha limitado mucho en la gran parte de la Iglesia
establecida y apenas subsiste en las capillas no-conformistas. En la vida cívica subsisten
aún algunas ceremonias, como las de apertura del Parlamento, coronaciones, jubileos,
funciones de lores mayores, inauguración de estatuas y algunas otras, pero estos acontecimientos son relativamente escasos y, además, nada hay en su naturaleza que
forme parte de la vida regular del ciudadano corriente. En efecto, durante muchas
generaciones la creciente influencia del materialismo ha procurado eliminar de nuestra
vida las ceremonias como si se tratara de una superstición.
No cabe duda de que esta tendencia es sana y buena en cuanto hace que los hombres
dejen de tomar parte en ceremonias ritualísticas que, no teniendo sino aparato externo,
no se basan en ninguna realidad interna, ni se fundamentan en lo que en tiempos
primitivos recibía el nombre de magia y se consideraba como llamada para que actuaran
las fuerzas más ocultas e internas de la naturaleza y los seres pertenecientes a un mundo
distinto del nuestro.
Sin embargo, es indudable que casi todo el mundo abriga un secreto amor por las
ceremonias o el ritual. Prueba de ello es la adhesión del pueblo a ciertas instituciones
como por ejemplo, la extravagante y abigarrada guardia de corps, las procesiones del
Lord Mayor, las pelucas de los jueces y cosas por el estilo. El entusiasmo por las
exhibiciones históricas, así como los caprichosos vestidos que idean las madres para sus
hijos y la perenne fantasía de los trajes de los jóvenes y los ancianos, son otros tantos
ejemplos de este incontenible amor por las ceremonias.
Este es, indudablemente. uno de los principales atractivos que tiene la Masonería para la
mayoría de sus iniciados. Hay en la vida moderna tanto bullicio, tanta precipitación,
tanta barahunda, tanta indecencia, tanta actividad, tanta insistencia en los derechos
propios, tan poca consideración por los sentimientos ajenos y tan poca dignidad o
cortesía que brote espontáneamente de bondadosos corazones, que nos causa
extraordinario placer el hecho de entrar en la atmósfera tan opuesta de las logias en
donde reinan la dignidad y el orden, en vez de la indigna inquietud a que estamos
acostumbrados en el mundo externo.
Maravilloso tónico para los nervios fatigados por la tensión de la vida ordinaria es la
entrada en el recinto de una Logia masónica, en donde todo es quietud, orden y paz; en
donde cada cargo del taller y cada hermano tiene su lugar fijo y su deber prescrito: en
donde nadie usurpa las funciones ajenas; en donde, una vez que se ha elegido o
determinado la forma del drama, todos cooperan armónicamente y de buen grado para
llevar a cabo las ceremonias de forma tal que se cree el ambiente que algún día ha de
caracterizar hasta al mismo mundo externo, cuando cesen de disputarse los hombres,
aprendan la lección de la fraternidad fiel y cooperen con la suprema Voluntad de la
evolución a fin de ordenar todas las cosas, bella, fuerte y sabiamente.
También es agradable el goce estético que produce el tomar parte en una ceremonia bien
dirigida en que, no sólo hayan estudiado intensamente todos los hermanos los actos y
palabras que les correspondan, sino que, además, comprendan su significación y pongan
lo mejor de su alma ¡en todo cuanto hagan o digan. La disposición misma de la Logia,
la ordenada y digna colocación de las Columnas, los Oficiales con sus Insignias
especiales que tachonan la asamblea con pinceladas de colores agradables, la situación
de las Luces y todas las demás cosas adjuntas con que estamos familiarizados,
contribuyen a formar un tout ensemble que conforta a la vista, agrada a los sentidos,
place a la mente, satisface a la naturaleza religiosa y al par que contrasta con la mayor
parte de nuestra vida diaria, es una esperanza para el porvenir del mundo.
Otro elemento de gran belleza que conmueve a todo el que siente la poesía y la música
es el exquisito ritmo y eufonía de nuestro antiguo ritual, cuyas palabras y frases no
tienen igual en la literatura inglesa si se exceptúan la Biblia y las obras de Shakespeare.
El antiguo dicho inglés de que “una cosa bella proporciona goce eterno” puede aplicarse
a las sencillas y profundas palabras de nuestro ritual, porque se da el caso de que, a
pesar de ser oídas continuamente todos los años en las diferentes ceremonias, nunca  pierden su atractivo ni cansan ni envejecen; antes bien, su belleza, su majestad y su
significación aumentan a medida que nos familiarizamos con con ellas, lo cual es una
verdadera prueba de suprema literatura, de satisfacción ética y de religioso significado.
¡Cuán admirable es la tradición de que las palabras de nuestro ritual han de repetirse sin
añadir, omitir ni alterar nada, porque la mayoría de las sentencias se han redactado en
forma tan perfecta, que cualquier variación rompería su sonoridad o malearía su
significación!
La hermosura del lenguaje contribuye tanto como los demás factores a que las palabras
del ritual nos produzca intensa impresión. Estas amplias y profundas enseñanzas no
deben su poder a sutilezas metafísicas, ni a análisis filosóficos ni a su novedad
intrínseca, sino, más bien, a su sencillez, concisión y universalidad. Propiedad común de
todos los sistemas religiosos conocidos es la identidad de los preceptos éticos; no
obstante, el método de presentación de las antiguas verdades de moral y de amor
fraternal, así como la franqueza, la restricción, la grandeza y verdadera sinceridad del
ritual masónico con su trascendental significado hacen que estas enseñanzas nos
parezcan siempre nuevas, vívidas, inspiradoras y prácticas.
Muchos intelectos modernos, a quienes vienen cortas las estrechas y anticientíficas
ideas de ciertas ortodoxias religiosas, aceptan con verdadera complacencia la carencia
absoluta de dogmas teológicos y de otros géneros de que se jacta la Masonería. Gran
parte de los pensadores de mediana cultura reconocen la fraternidad, aceptan una ley
ética y un código moral basados en la fraternidad; pero no derivan ésta de preceptos
religiosos externos, sino de los dictados de sus corazones y de la innata benevolencia
que sienten hacia sus camaradas.
La Francmasonería expone estas enseñanzas con tanta universalidad y catolicidad que
los hombres pertenecientes a cualquiera de los credos así como los que no acepten
ninguno, pueden subscribirlas sin escrúpulos, reconociéndolas como norma de verdad
que ellos conocen por experiencia interna, sin necesitar el apoyo de muletas teológicas.
Además, ya no es posible negar el hecho de que en los tiempos modernos existe mucha
gente que no profesa una fórmula definida de creencia religiosa, quizás porque está
convencida de que no puede subscribir honradamente los credos que satisfacían a los
hombres del pasado. La necesidad de expresión de fe religiosa que esta gente
experimenta sin poderlo evitar y que todos sentimos prácticamente, puede satisfacerse
en gran parte con la sinceridad sencilla de la ética masónica y su declaración de
fraternal benevolencia. Read more

Share Button

¿El programa Apolo fue un acto masónico secreto?

masones astronautasEsta tesis es defendida por el fundamentalista cristiano Texe Marrs en su documental ‘The Eagle has landed. Magic, Alchemy and the Illuminati Conquest of Space’ (‘El águila ha aterrizado. Magia, alquimia y la conquista illuminati del espacio’). Muy pocos tomarán en serio esta acusación, a todas luces falsa. Sin embargo, su punto de partida, al contrario que otras argumentaciones supuestamente científicas, es correcto. Marrs se basa en el hecho de que Buzz Aldrin, el segundo humano en pisar la Luna, es masón y celebró ciertos rituales sobre la superficie del satélite. A partir de ahí, desarrolla su teoría conspirativa, en la que se entremezclan el ocultismo, el satanismo, la magia negra y, cómo no, la secta de moda desde que Dan Brown la popularizara en ‘El código Da Vinci’: los Illuminati.

La interpretación de Marrs es errónea, pero su hallazgo es válido. De todos modos, calificarlo de hallazgo es exagerado, pues Aldrin nunca ha ocultado su condición de masón, ni tampoco que celebró una ceremonia religiosa privada sobre la Luna durante los pocos instantes que tuvo libres. Además, incluyó el anillo de iniciación masónica de su abuelo entre los escasos objetos personales que pudo llevar hasta nuestro satélite, lo que posiblemente tuviera algún significado ritual para su familia. Tampoco esto se ha mantenido nunca en secreto, aunque hay que reconocer que no son datos fáciles de contrastar hoy en día.

En noviembre de 1969, después de que el Apolo 11 completara su misión a la Luna, la revista masónica ‘The New Age’ (ahora llamada ‘The Scottish Rite Journal’) lo celebró con la primera portada en color de su historia, ilustrada con una fotografía de Aldrin junto a la bandera estadounidense en Mare Tranquilitatis. Bajo ella, podía leerse: “Edwin E. Aldrin, Jr, 32º, on the Moon”. El astronauta pertenecía al rito escocés y a la jurisdicción sur de Estados Unidos de esta secta.

La vinculación a la masonería de Aldrin, y posiblemente de otros astronautas, es cierta. El único problema de esta teoría conspirativa es que confunde la investigación histórica con una novela de tercera. El hecho de que Aldrin y otros astronautas pertenezcan a una sociedad secreta no implica que tuvieran intenciones ocultas. El propio Aldrin contó en un libro de memorias, descatagolado hace ya décadas, todas estas circunstancias. Quienes defienden la tesis del ritual masónico suelen basarse en oscuras referencias que han encontrado en algún libro de esta secta, y parecen ignorar que el astronauta no le daba ninguna importancia al asunto ni tuvo ningún problema en airearlo, incluso con algún detalle escatológico. Los astronautas del Apolo vestían bajo sus trajes presurizados una especie de pañal que ellos llamaban eufemísticamente contenedor fecal y que impregnaban con una crema especial para contener el olor.

Estas medidas higiénicas eran necesarias porque el viaje a la Luna requería pasar varios días sin poder desnudarse. Así es como narra Aldrin las complicaciones que sufrió con su anillo masónico, momentos antes del lanzamiento de su histórica misión, cuando acababa de embutirse en su traje espacial:

“Una vez que el aire fresco comenzó a correr por el traje me acomodé y relajé. El único momento de ansiedad llegó cuando me di cuenta de que el anillo masónico de grado 32 de mi abuelo no estaba. Lo había llevado durante más de un año y lo consideraba parte de mí. Pasaron varios minutos y me dejé arrastrar por un curioso -y nada habitual- ataque de superstición. Después de todo, había planeado llevar el anillo a la Luna y traerlo de vuelta, y ahora había desaparecido. Me di cuenta de que debió desprenderse cuando me limpié de las manos la crema de los contenedores fecales. Un médico se ofreció voluntario para correr por todo el pasillo y buscar en el lavabo. En cinco minutos había regresado con el anillo”.

En cuanto a la breve ceremonia religiosa que llevó a cabo Aldrin sobre la Luna, también queda explicada en sus memorias, así como en el más conocido libro de Andrew Chaikin, ‘A Man on the Moon’ (‘Un hombre en la Luna’). El astronauta fue el primer ser humano -y, hasta el momento, el único- en recibir la comunión en un cuerpo planetario distinto a la Tierra. No se trata, por tanto, de un ritual oculto, sino del habitual sacramento cristiano. Este fue, precisamente, el motivo por el que la NASA decidió ocultarlo, ya que no quería levantar suspicacias entre los no creyentes. Así lo contó el propio Aldrin:

“Durante el primer momento desocupado en el LM [módulo lunar] antes de tomar mi comida, busqué en mi botiquín de utensilios personales y saqué dos pequeños paquetes que habían sido especialmente preparados a petición mía. Uno contenía una pequeña cantidad de vino, el otro una pequeña hostia. Con ellos y un pequeño cáliz del maletín, tomé la comunión en la Luna, leyendo para mí mismo de una pequeña tarjeta que llevaba en la que había escrito un extracto del Evangelio de Juan usado en la ceremonia tradicional de comunión. Había intentado leer mi pasaje de comunión a la Tierra, pero en el último minuto Deke Slayton [director de vuelos tripulados] me había pedido que no lo hiciese. La NASA estaba ya inmersa en una batalla legal con Madelyn Murray O’Hare, la famosa oponente de la religión, sobre la lectura de la tripulación del Apolo 8 del Génesis mientras orbitaban la Luna en Navidad”.

A Aldrin no le gustó demasiado tener que disimular sus creencias, pero terminó aceptando la petición de Slayton y, en lugar de leer la Biblia en voz alta, pidió que cada uno reflexionara sobre el significado de aquellos instantes “en su propia e individual manera”. Andrew Chaikin, que entrevistó personalmente a los astronautas, cuenta cómo Neil Armstrong se sorprendió cuando Aldrin pidió un momento de silencio desde el módulo lunar “a todas las personas que estén escuchando”, ya que desconocía qué se disponía a hacer su compañero. Tampoco lo sabía la mujer de Aldrin, Joan, que en ese momento escuchaba las palabras de su marido desde su casa de Nassau y, simultáneamente, un disco del pianista de jazz Duke Ellington, pasados ya los momentos de tensión del alunizaje.

La Biblia de Aldrin no es el único libro religioso que ha viajado a la Luna. También lo hizo el Corán, a bordo del Apolo 15 y por sugerencia del geólogo de origen egipcio Barouk El-Baz, uno de los científicos más importantes del programa. Los astronautas también llevaron banderas de la Unión Soviética, en consideración a sus colegas del otro lado del telón de acero, y muchos otros símbolos personales, religiosos o políticos, sin que ello signifique, ni mucho menos, que los viajes a la Luna se llevaron a cabo para glorificar las ideas representadas por estos emblemas. Hay una explicación mucho más simple para ello: el hombre es un animal simbólico, y esto incluye a ingenieros, científicos y astronautas.

 

Fuente: El Mundo

Share Button

La Tradición

traditioDios es unicidad unificada: uno sin dos, inapreciable. La genuina existencia divina engendra la existencia de toda la creación. Las sublimes e internas esencias constituyen en el fondo una cadena que lo vincula todo, de lo más alto a lo más bajo, extendiéndose del polo superior a los confines del universo. No existe nada -ni el más minúsculo objeto- que no se halle sujeto a los eslabones de dicha cadena. Todo está encadenado en su misterio, sujeto a su unicidad. Dios es uno, el secreto de Dios es uno, todos los mundos situados por debajo y por encima son misteriosamente uno. La existencia divina es indivisible. La cadena entera es uno. Hasta el último eslabón, todo está vinculado a lo demás; así la esencia divina está tanto abajo como arriba, en el cielo y en la tierra. No existe nada más.

Moisés de León (s. XIII)

 

Para obtener una cosecha debemos necesariamente sembrar el grano con la cáscara… del mismo modo, los ritos y ceremonias son necesarios para el desarrollo y perpetuación de una religión. Son los receptáculos que contienen el núcleo de la verdad y, en consecuencia, todos los hombres deben practicarlos antes de llegar a la verdad central.

Sri Ramakrishna

 

He visto la antigua senda, el viejo camino tomado por los Completamente Despiertos de antaño, y ésa senda es la senda que yo sigo

Samyutta-nikâya

 

Pues ninguna criatura, por muy racional e intelectual que sea, se ilumina a sí misma, sino que es iluminada por la participación en la Verdad eterna.

San Agustín

 

Te hemos revelado la Escritura con la Verdad, en confirmación y como custodia de lo que ya había de la Escritura

El Corán

 

El hombre refinado vuelve sus pensamientos hacia el pasado, regresa a su origen, y no olvida a aquellos a través de los cuales le ha llegado la vida.

Li Chi, Chi Yi

 

Aquellos que han intentado digerir el Mercurio común por medio del calor artificial, han fracasado tan grotescamente como cualquiera que se empeñara en incubar artificialmente un huevo huero.

E.Filaleteo

 

El efecto del Santo Sacramento. El pan del Señor actúa en nosotros como la piedra filosofal: nos transforma en oro, si estamos fundidos.

Angelus Silesius

 

Nada sino la verdad puede ser medida exacta de la verdad

Nicolás de Cusa

 

Fuente: Blog de la R:.L:. S:. Traditio Nº 129

Share Button

Influencias espirituales y “egregores”

masonería espiritualSe afirma que la palabra «egregor» designa lo que se puede llamar propiamente una «entidad colectiva». Esto no representa más que una de las numerosas fantasías del moderno lenguaje ocultista. Esta palabra es puramente griega y jamás ha significado en realidad otra cosa que «vigilante». Estamos ante un nuevo ejemplo de la confusión de lo psíquico y de lo espiritual.

Ciertamente, se puede considerar cada colectividad como disponiendo de una fuerza de orden sutil constituida en cierta manera por los aportes de todos sus miembros pasados y presentes, y que, por consiguiente, es tanto más considerable y susceptible de producir efectos más intensos cuanto más antigua sea la colectividad y cuanto mayor sea el número de miembros que la componen; por lo demás, es evidente que esta consideración «cuantitativa» implica esencialmente que se trata del dominio individual, más allá del cual ya no podría intervenir en modo alguno. Lo colectivo, tanto psíquicamente como corporalmente, no es otra cosa que una simple extensión de lo individual, y que, por consiguiente, no tiene absolutamente nada de transcendente, contrariamente a las influencias espirituales que son de un orden completamente diferente. Para tomar los términos habituales del simbolismo geométrico, es menester no confundir el sentido horizontal con el sentido vertical. Read more

Share Button

Mitos, misterios y símbolos iniciáticos

Mitos, misterios y símbolos iniciáticos

Los mitos son relatos simbólicos, lo mismo que las «parábolas», que, en el fondo, no difieren de ellos esencialmente. No carece de interés destacar que lo que se llama en la Masonería las «leyendas» de los diferentes grados entra en esta definición de los mitos, y que la «puesta en acción» de estas «leyendas» muestra bien que ellas están verdaderamente incorporadas a los ritos mismos, de los que es absolutamente imposible separarlas.

     La palabra griega muthos, «mito», viene de la raíz mu, y ésta (que se encuentra también en el latín mutus, mudo) representa la boca cerrada, y por consiguiente, el silencio; éste es el sentido del verbo muein, cerrar la boca, callarse (y, por extensión, llega a significar también cerrar los ojos, en sentido propio y figurado); el examen de algunos de los derivados de este verbo es particularmente instructivo. Así, de muô (en infinitivo muein) se derivan inmediatamente otros dos verbos; muaô mueô. El primero tiene las mismas acepciones que muô, y es menester agregarles otro derivado, mullô, que significa cerrar los labios, y también, murmurar sin abrir la boca. Por lo demás, el latín murmur no es más que la raíz mu prolongada por la letra r y repetida dos veces, de manera que representa un ruido sordo y continuo producido con la boca cerrada. En cuanto a mueô, y esto es lo más importante, significa iniciar (a los «misterios», cuyo nombre está sacado también de la misma raíz y precisamente por la intermediación de mueô y mustês), y, por consiguiente, a la vez instruir (pero primeramente instruir sin palabras, así como era efectivamente en los misterios) y consagrar; deberíamos decir incluso en primer lugar consagrar, si se entiende por «consagración», como debe hacerse normalmente, la transmisión de una influencia espiritual, o el rito por el que ésta se transmite regularmente. Read more

Share Button

Masonería: la finalidad del simbolismo

Maspnería y simbolismoDe modo general, la forma del lenguaje es analítica, “discursiva”, como la razón humana de la cual constituye el instrumento propio y cuyo decurso el lenguaje sigue o reproduce lo más exactamente posible; al contrario, el simbolismo propiamente dicho es esencialmente sintético, y por eso mismo “intuitivo” en cierta manera, lo que lo hace más apto que el lenguaje para servir de punto de apoyo a la “intuición intelectual”, que está por encima de la razón, y que ha de cuidarse no confundir con esa intuición inferior a la cual apelan diversos filósofos contemporáneos. Por consiguiente, el simbolismo sintético abre posibilidades de concepción verdaderamente ilimitadas, mientras que el lenguaje, de significaciones más definidas y fijadas, pone siempre al entendimiento límites más o menos estrechos.

Así, las verdades más altas, que no serían en modo alguno comunicables o transmisibles por ningún otro medio, se hacen tales hasta cierto punto cuando están, si puede decirse, incorporadas en símbolos que sin duda las disimularán para muchos, pero que las manifestarán en todo su resplandor a los ojos de los que saben ver.

¿Vale decir que el empleo del simbolismo sea una necesidad? Aquí es preciso establecer una distinción en sí y de manera absoluta; ninguna forma exterior es necesaria. Todas son igualmente contingentes y accidentales con respecto a lo que expresan o representan. Una figura cualquiera, por ejemplo una estatua que simbolice tal o cual aspecto de la Divinidad, no debe considerarse sino como un “soporte”, un punto de apoyo para la meditación; es, pues, un simple “auxiliar” y nada más. Un texto védico da a este respecto una comparación que aclara perfectamente este papel de los símbolos y de las formas exteriores en general: tales formas son como el caballo que permite a un hombre realizar un viaje con más rapidez y mucho menos esfuerzo que si debiera hacerlo por sus propios medios. Sin duda, si ese hombre no tuviese caballo a su disposición, podría pese a todo alcanzar su meta, pero ¡con cuánta mayor dificultad! Si puede servirse de un caballo, haría muy mal en negarse a ello so pretexto de que es más digno de él no recurrir a ayuda alguna: ¿no es precisamente así como actúan los detractores del simbolismo? Y aun, si el viaje es largo y penoso, aunque nunca haya una imposibilidad absoluta de realizarlo a pie, puede existir una verdadera imposibilidad práctica de llevarlo a cabo. Así ocurre con los ritos y símbolos: no son necesarios con necesidad absoluta, pero lo son en cierto modo por una necesidad de conveniencia, en vista de las condiciones de la naturaleza humana (Santo Tomás de Aquino, Summa Theol., III, q. 1, a. 2, respondeo). Read more

Share Button

Rosslyn, la catedral de los enigmas

Rosslyn catedral de los enigmasLa capilla de Rosslyn, llamada también la catedral de los enigmas, se encuentra a sólo unos 15 kms de Edimburgo, y, sin embargo, allí no hay rastro de la multitud de turistas que se amontonan por las laderas del castillo de la capital escocesa.

Situada en las afueras del pueblecito de Rosslyn, rodeada por la campiña y alejada de pubs y bed & breakfasts, Rosslyn Chapel conserva el inquietante encanto que la ha convertido en un lugar de peregrinación para buscadores de misterios. Desde el exterior sorprende por sus reducidas dimensiones, pero, tras franquear la entrada, lo que realmente deslumbra es la cantidad de desconcertantes símbolos de las tradiciones hebrea, cristiana, egipcia, masónica y pagana, que han hecho de sus paredes la tierra prometida de generaciones de criptógrafos.

David Brown, autor del bestseller El código Da Vinci, que sitúa bajo su techo maravillosamente tallado el desenlace de la novela, la define como ”el paraíso de la simbología”, y es posible que las leyendas que envuelven el lugar lo hayan inspirado más de lo que admite.

Los caballeros templarios la edificaron en 1446 como réplica exacta del mítico templo de Salomón, en Jerusalén, con el célebre muro oeste que parece inacabado y, según se dice, la cripta subterránea copia del lugar donde los nueve fundadores de la orden militar y religiosa habrían desenterrado por primera vez el Santo Grial. William Sinclair, príncipe de Orkney, a quien se debe la iniciativa de construir la capilla, reposa entre sus muros con algunos de sus antecesores, como su homónimo de 1297 que fue gran prior de los Caballeros del Temple, o Herry Sinclair, apodado el Santo, de quien la tradición dice que viajó al Nuevo Mundo en 1398. Como recuerdo de aquel legendario viaje quedan un cactus y unas mazorcas de maíz indio, esculpidas en la piedra años antes de que el Nuevo Mundo fuera descubierto oficialmente. Se dice que los templarios, reconocidos constructores de iglesias, se superaron a sí mismos en Rosslyn porque era el lugar elegido para esconder el Santo Grial. Lo cierto es que no hay un solo centímetro sin tallar, y que, hasta la fecha, no toda la compleja simbología ha sido descifrada. Read more

Share Button

El ojo que todo lo vé

el ojo que todo lo veUno de los símbolos comunes al cristianismo y a la masonería es el triángulo en el cual está inscripto el Tetragrama hebreo. En hebreo, a veces el tetragrama se representa también abreviadamente por tres yod, que tienen manifiesta relación con el triángulo mismo. Cuando se los dispone triangularmente, corresponden de modo neto a los tres puntos del Compagnonnage y la Masonería. Pero a veces solamente aparece un yod, primera letra del Tetragrama, que puede considerarse en este caso como una abreviatura de él en virtud de su significación principialdado que el yod es considerado como el elemento primero a partir del cual se forman todas las letras del alfabeto hebreo. Por ello, constituye de por sí un nombre divino, e incluso el primero de todos según ciertas tradiciones. A veces, también el yod mismo está reemplazado por un ojo, generalmente designado como “el Ojo que lo ve todo” (The All-Seeing Eye); la semejanza de forma entre el yod y el ojo puede, en efecto, prestarse a una asimilación, que por otra parte tiene numerosos significados, sobre los cuales, sin pretender desarrollarlos enteramente aquí, puede resultar interesante dar por lo menos algunas indicaciones. Read more

Share Button

La muerte iniciática

 

muerte iniciática

Otra cuestión que parece poco comprendida es la de lo que se llama la «muerte iniciática». Así, encontramos expresiones como la de «muerte ficticia», que da testimonio de la más completa incomprehensión de las realidades de este orden. Aquellos que se expresan así no ven evidentemente más que la exterioridad del rito, y no tienen ninguna idea de los efectos que debe producir sobre aquellos que están cualificados verdaderamente; de otro modo, se darían cuenta de que esta «muerte», muy lejos de ser «ficticia», es al contrario, en un sentido, más real incluso que la muerte entendida en el sentido ordinario de la palabra, ya que es evidente que el profano que muere no deviene iniciado sólo por eso. Es, a decir verdad, la única que rebasa las contingencias inherentes a los estados particulares del ser y la única que tiene, por consiguiente, un valor profundo y permanente desde el punto de vista universal.

Entiéndase bien que la palabra «muerte» debe tomarse aquí en su sentido más general, según el cual podemos decir que todo cambio de estado, cualquiera que sea, es a la vez una muerte y un nacimiento, según que se considere por un lado o por el otro: muerte en relación al estado antecedente, nacimiento en relación al estado consecuente. La iniciación se describe generalmente como un «segundo nacimiento», lo que es en efecto; pero este «segundo nacimiento» implica necesariamente la muerte al mundo profano. Read more

Share Button