Manuscrito Dumfries Nº 4 (1710)

Manuscrito Dumfries Nº 4 (1710)
Oración de principio

Imploramos al Padre omnipotente de santidad y a la sabiduría del glorioso Jesús por la gracia del Espíritu Santo, que son tres personas en un principio divino, que estén con nosotros desde ahora, y que nos otorguen también la gracia de gobernarnos aquí abajo, en esta vida mortal, de manera que podamos alcanzar su reino, que jamás tendrá fin. Amén.

Prefacio

Buenos hermanos y compañeros, nuestro propósito consiste en haceros saber de qué manera apareció esta excelente ciencia de masonería, cómo se inició, y también cómo fue sostenida, favorecida y cultivada por los héroes más famosos y más valientes sobre la tierra, como reyes, príncipes y toda clase de hombres inteligentes del más alto rango; así como los deberes que incumben a todos los masones verdaderos y cualificados, a quienes se les ha enseñado a guardarlos con una fe verdadera y a consagrarles toda su atención si quieren ser recompensados.

Forma del juramento

Los deberes que ahora os repetimos, así como todos los demás deberes y secretos que también pertenecen a los franc-masones y a cualquiera que haya sido recibido entre ellos por curiosidad, al igual que las deliberaciones de esta santa logia adoptadas en la cámara o en la casa, no debéis divulgarlos ni revelarlos a cambio de don alguno, ni por un vaso de vino ni por otra recompensa, sea por favor o por afecto, de manera directa o indirecta, ni por ninguna otra causa, ni siquiera a vuestro padre, madre, hermana, hermano, hijos, extranjero o cualquier otra persona. Que Dios acuda en vuestra ayuda.

Los primerísimos inicios de la (masonería)

Hay siete artes liberales. La primera es el arte de los números, que enseña las virtudes intelectuales. La segunda es la gramática, unida a la retórica, que enseña la elocuencia, y cómo hablar en términos sutiles. La tercera es la filosofía, que es el amor a la sabiduría, gracias a la cual, con ayuda de una regla de los contrarios, se reconcilian los dos términos de una contradicción, se enderezan las cosas curvas y se blanquean las negras. La cuarta es la música, que enseña a cantar y a tocar el arpa y el órgano, así como todas las demás clases de instrumentos de música. Debe tenerse presente en el espíritu que este arte no tiene ni medio ni fin. La quinta es la lógica, que permite discernir lo verdadero de lo falso, y que sirve de guía a los jueces y a los hombres de ley. La sexta es la geometría, que enseña a medir los cielos materiales y todas las dimensiones de la tierra, así como todo lo que ella contiene. La séptima y última es la ciencia de la astronomía y la astrología, que enseña a conocer el curso del sol, de la luna y de las estrellas que orlan los cielos.

Las siete artes juntas se fundan en la geometría, lo que nos permite deducir que es el arte más excelente, porque sostiene a las demás.

En efecto, no hay hombre que trabaje en cualquier oficio que no utilice de alguna manera la geometría, pues sirve para pesar y medir toda clase de cosas sobre la tierra, en particular a los labradores y a los cultivadores del suelo (en lo que concierne a) los granos y las semillas, los vinos y las flores, plantas y demás. En efecto, aparte de la geometría, ninguna de las otras (artes) permite a los hombres medir.

Cómo empezó primero este arte, yo os lo voy a decir. Antes del diluvio de Noé había un hombre llamado Lamach, que tenía dos esposas. Una era Adah, y la tal Adah dio al mundo dos hijos, el primogénito era Jabel, y el otro hijo Jubal. De la otra esposa tuvo un hijo llamado Tubalcaín y una hija llamada Naamah. Estos hijos inventaron todas las artes y oficios en el mundo. Jabel era el mayor e inventó la geometría; guardaba los rebaños de ovejas, que en los campos tuvieron corderos, para los que construyó abrigos de piedra y de madera, como podéis ver en el capítulo cuarto del Génesis.

Su hermano Jubal inventó el arte de la música vocal e instrumental, y el tercer hermano inventó el trabajo de la forja (de los metales) tales como el bronce y el hierro. Y su hermana inventó el arte de tejer y de manejar el huso y la rueca.

Estos niños sabían que Dios quería vengarse sobre la tierra del pecado por el fuego o por el agua. Pero ellos estaban, para beneficio de la posteridad, más atentos al arte que habían inventado que a sus propias vidas. Por ello grabaron el arte que habían inventado sobre pilares de piedra, de manera que se pudieran encontrar después del diluvio. Una era de la piedra llamada mármol, que no puede ser consumida por el fuego; el otro monumento era de (ladrillo), que no puede disolverse en el agua.

Luego, tras el diluvio, el gran Hermorian, hijo de Cush, que era hijo de Ham, el segundo hijo de Noé, fue llamado el padre de la sabiduría debido a esos pilares que encontró después del diluvio con las artes inscritas encima. Las enseñó durante la construcción de la torre de Babilonia. Allí se le llamó Nimrod o potente ante el Señor. Nimrod profesó la masonería por deseo del rey de Nínive, su primo. Dicho Nimrod hizo masones y les recomendó al señor del país para que construyeran toda clase de edificios entonces de moda; y les enseñó signos y marcas, de manera que pudieran reconocerse uno al otro en medio del resto de la humanidad sobre la tierra.

Lo que era su deber

En primer lugar, que se amaran el uno al otro y que sirvieran al Señor del cielo con un corazón verdadero y sincero para prevenir la desgracia futura, y que fueran honestos, íntegros y leales hacia el señor que les empleara, de manera que el mencionado Nimrod pudiera ser respetado y honrado por haberles enviado.

Y que no hubiera entre ellos ni fraude, ni pelea, ni división, ni disimulos o malentendidos, ni discordia alguna, o de lo contrario Dios les enmudecería, como ya hizo anteriormente cuando confundió su lengua a causa de su presunción. Era la primera vez que los masones se ocuparon de su oficio.

Después Abraham y Sarah, su esposa, llegaron a Egipto. Allí enseñó las siete artes a los egipcios, y tuvo un excelente alumno que se reveló como una gloria de este tiempo. Su nombre era Euclides. Este joven dio prueba de su talento tan bien que superó a todos los artistas de la tierra.

Abraham se regocijó por él, pues era un gran maestro, y le anunció todos los acontecimientos futuros que afectarían a la multitud irreflexiva.

Ocurrió en su tiempo que los señores y los grandes de este país tuvieron muchos hijos de sus relaciones con otras esposas y damas del reino, pues Egipto era entonces una región opulenta, pero no había suficiente de qué vivir para los hijos. Por ello, los grandes del país se inquietaron seriamente acerca de la manera de procurar lo necesario a sus hijos.

El rey del país convocó una asamblea para deliberar sobre la manera en que podrían atender a sus necesidades. Pero no pudieron encontrar otra solución que la de proclamar a través de todo el reino: Si alguien podía dar a conocer un medio de colocar a sus jóvenes, sería bien recompensado por su trabajo y su esfuerzo.

Tras esta ordenanza o proclamación, apareció el excelente doctor Euclides, quien dijo al rey y a sus señores: Si queréis darme a vuestros hijos para que yo los dirija y los instruya como los gentileshombres deberían ser instruidos, dadles, así como a mí, un presupuesto suficiente, para que pueda gobernarles e instruirles conforme a su cualidad, y darles órdenes según las necesidades del arte. El rey accedió a ello y selló este (acuerdo) con una carta. Entonces, el excelente clérigo Euclides tomó (con él) a los hijos de los señores y les enseñó según la ciencia de la geometría a obrar en toda clase de excelentes trabajos en piedra: templos, iglesias, monasterios, ciudades, castillos, pirámides, torres y todos los restantes excelentes edificios de piedra. Les constituyó en Orden, les enseñó a reconocerse uno al otro sin equivocarse, y confirmó para ellos las costumbres de Nimrod, a saber, que deberían amarse verdaderamente el uno al otro y guardar la ley de Dios escrita en sus corazones. Debían además ser fieles al monarca del reino, y por encima de todo guardar los secretos de la logia y los secretos del prójimo. Debían también llamarse el uno al otro compañero, y desterrar todo otro nombre vil. Debían conducirse a sí mismos como hombres del arte, y no como incultos patanes. Debían ordenar al más sabio de entre ellos, a fin de que fuera su maestro y supervisara el trabajo. No debían traicionar su cargo ni por un motivo afectivo ni por afán de lucro, y tampoco designar como maestro de obra de un señor a alguien que careciera de inteligencia, de manera que el oficio no fuera difamado. Y deberían llamar al director de la obra maestro durante todo el tiempo que trabajaran con él.

Dicho Euclides escribió para ellos un libro de constituciones, y les hizo jurar el más grande juramento utilizado por los hombres de esos tiempos, a saber, observar fielmente todas las instrucciones contenidas en las constituciones de la masonería. Dio la orden de que fueran convenientemente pagados, para que pudieran vivir como hombres de arte y de ciencia. Les ordenó también que se reunieran en asamblea y que deliberaran sobre los temas importantes del oficio y del arte de la geometría; pero que no se asociaran con quien no estuviera debidamente cualificado y regularmente creado en una verdadera logia. Deberían mantenerse alejados de todo desorden, o de lo contrario Dios introduciría entre ellos una segunda confusión que se revelaría peor que la primera. Después de esto, el excelente clérigo Euclides inventó muchas raras invenciones, y cumplió maravillosas hazañas, pues nada había demasiado duro para él en las siete artes liberales, gracias a las cuales hizo del pueblo de Egipto el más sabio de la tierra.

Luego, los hijos de Israel penetraron en tierra prometida, a la que ahora se llama entre las naciones el país de Jerusalén. Allí, el rey David comenzó el templo de Jerusalén, que entre ellos es llamado el templo de Diana. David amaba y quería bien a los masones: les otorgó buenas prebendas, y les dio el siguiente deber: deberían respetar los diez mandamientos que habían sido escritos por el dedo de Dios, grabados en la piedra o en las tablas de mármol, y entregados a Moisés sobre la santa montaña del Sinaí, y ello con una solemnidad celestial, pues miríadas de ángeles con carros de fuego los acompañaban (lo que demuestra que la escultura sobre piedra es de institución divina). Con muchas otras cosas, les confió un deber conforme con aquel que habían recibido fuera de Egipto del muy famoso Euclides, así como otros deberes de los que más tarde oiréis hablar.

Tras esto, David pagó su deuda con la naturaleza, y Salomón su hijo acabó el templo que su padre había comenzado. Diversos masones de muchos países se reunieron juntos, y fueron ochenta mil, de entre los cuales trescientos fueron cualificados y nombrados vigilantes de la obra. Hubo un rey de Tiro llamado Hiram que amaba bien a Salomón, y que le entregó madera para su obra. Además, le envió un artista en quien habitaba el espíritu de la sabiduría. Su madre era de la tribu de Nephtalí, y su padre era un hombre de Tiro. Su nombre era Hiram. El mundo no había producido hombre como él hasta entonces. Era un maestro masón de un saber y una generosidad perfectos. Era maestro masón de todos los edificios y constructores del templo, y el maestro de todas las obras esculpidas y cinceladas que se encontraban en el templo, tal como está escrito en los capítulos 6 y 7 del primer libro de los Reyes. Salomón confirmó a la vez los deberes y las costumbres que su padre David había dado a los masones, y el excelente oficio de masonería se consolidó en la tierra de Jerusalén, en Palestina, y en muchos otros reinos.

Muchos artesanos llegaron de lejos a pie para instruirse más en el arte.

Algunos estaban cualificados para instruir a otros, y aclarar a los ignorantes, de manera que el (oficio) comenzó a parecer espléndido y glorioso, en particular en Jerusalén y en Egipto. En la misma época, el curioso masón Minus Greenatus, también llamado Green, que había participado en la construcción del templo de Salomón, llegó al reino de Francia y enseñó el arte de masonería a los hijos del arte en este país. Y hubo en Francia un miembro del linaje real llamado Charles Martel, que amaba a Minus Greenatus más allá de toda expresión a causa de su juicio en el arte de masonería.

El tal Martel adoptó las costumbres de los masones, y después se fue a su propio reino –pues al parecer no era francés- y allí hizo llamar a muchos masones valientes, y les acordó buenas prebendas, les repartió en los grados que Greenatus le había enseñado, les confirmó una carta y les ordenó reunirse frecuentemente a fin de que pudieran conservar una buena cohesión sin divisiones. Es así como el oficio penetró en Francia.

Inglaterra, durante todo este tiempo, estuvo privada de masones hasta la época de san Albons. En este tiempo el rey de Inglaterra era un pagano, y construyó la ciudad que se llamó después Saint-Albans. En tiempo de Albons hubo un hombre excelente que era intendente en jefe del rey, y que detentaba el gobierno del reino. Contrató masones para construir las murallas de Saint-Albans, e hizo masones a sus principales compañeros. Aumentó en un tercio su paga en relación con la que tenían antes, y les acordó tres horas al día para recrearse, a fin de que su empleo no les pareciera pesado, y de que no vivieran como esclavos, sino como gentileshombres de arte y de ciencia. Les prescribió además un cierto día al año en el mes de junio para que se reunieran e hicieran una fiesta, en vistas a mantener la unidad entre ellos. Y durante ese día, fijado en San Juan, debían izar su estandarte real con los nombres y títulos de todos los reyes y príncipes que habían entrado en su sociedad, y también los escudos de los masones con los escudos del templo de Jerusalén y de todos los monumentos famosos del mundo. Todas estas franquicias permitieron a dicho hombre noble tratar con el rey, y les procuró una carta para que las conservaran siempre en el mismo estado. Por otra parte, ellos (recibieron) la divisa en letras de oro puestas sobre un campo de gules con negro y plata: Invia virtuti via nulla.

Después de esto, grandes guerras se sucedieron en Inglaterra; así, la Regla de la casa fue dejada de lado hasta el reinado de Athelston, que fue un buen rey de Inglaterra y aportó paz al país. Construyó muchos excelentes y suntuosos edificios, como abadías, iglesias, claustros, conventos, castillos, torres, fortalezas, murallas, así como todos los restantes monumentos notables. Se mostró como un hermano afectuoso hacia todos los masones cualificados. Además, tuvo un hijo cuyo nombre era Edwin. Y este Edwin amaba tanto a los masones que no podía comer ni beber sin su compañía. Era un espíritu valiente y generoso, penetrado de arte y de práctica. Antes prefería conversar con los masones que con los cortesanos de la Corte de su padre. Prefería ir al encuentro de los masones para comer con ellos y aprender su arte, y él mismo entró en la Orden. Legó al conjunto de los maestros de la fraternidad escuadras de oro y compases de plata con punta de oro, perpendiculares, plomadas de oro puro, trullas de plata y todos los demás instrumentos del oficio.

Les procuró además la carta de su padre y les recomendó tener cada año una asamblea de masones, en la que cada masón estaría obligado a dar cuenta de su habilidad y de su práctica. Y en estas reuniones les prescribió nuevos métodos de secreto y les enseñó buenas costumbres conformes a las reglas de Euclides, de Hiram y de otros maestros famosos. Y cuando era cometido en el oficio un fraude, infligía un justo castigo al culpable. Se aplicó a destruir el vicio y alentó públicamente la virtud.

Tras esto, llegó a York, y allí hizo masones, les dio su deber y les enseñó las costumbres de la masonería. Escribió un libro de constituciones y ordenó que la regla fuera guardada desde entonces y para siempre. E hizo ordenanzas según las cuales el oficio debería ser regulado de reino en reino tal como fue entonces establecido y ordenado por los más respetables de esta asamblea. Además hizo una proclamación según la cual todos los masones que poseyeran certificados o testimonios escritos de sus viajes, de su habilidad y de su práctica debían presentarlos para probar su arte y su comportamiento anteriores. Y se le aportaron algunos en hebreo, otros en griego, en latín, en caldeo, en siríaco, en francés, en alemán, en eslavo, en inglés, y en otras muchas lenguas, y el objeto era idéntico. Tras esto, el famoso Edwin les recordó la confusión (que había seguido) a la construcción de la torre de Nimrod, y que si deseaban que Dios les hiciera prosperar, a ellos y a sus acciones, no debían ser tentados ni aspirar a la idolatría, sino sinceramente honrar y adorar al gran arquitecto del cielo y de la tierra, fuente y origen de todas las bondades, (él) que ha construido su estructura a partir de la nada, y que ha echado los cimientos sobre las aguas profundas, y que dio la orden al mar de no ir más lejos, el gran anfitrión del cielo y de la tierra, el único protector del hombre y de las bestias (salmo 36, 6-7), que gobierna el sol, la luna y las estrellas. Les aconsejó poner en evidencia su omnipotencia con ayuda del compás de su inteligencia, a fin de que tuvieran repugnancia a ofenderle.

Les inculcó en el espíritu muchas otras sentencias divinas, y mandó hacer un libro sobre la manera en que el oficio fue inventado en el origen, con la orden de leerlo cuando se hiciera a un masón (así, si luego se extraviaban, no tendrían ninguna excusa para evitar su castigo), y de darle su deber, como prescribe el mencionado libro. A partir de estos tiempos, los masones debían observar esta ceremonia y estas órdenes para que los hombres pudieran ser maestros. Además de las asambleas particulares, por consejo de los maestros y compañeros, se añadieron progresivamente diversos deberes relativos a su deber y su comportamiento sobre cada punto particular de la masonería.

El deber

Todo hombre que es masón o que entra en su asociación para ampliar y satisfacer su curiosidad debe velar por el siguiente deber. Si uno de vosotros es culpable de alguna de las siguientes faltas, debéis arrepentiros y corregiros rápidamente, pues hallaréis que es una dura cosa caer en las manos de nuestro Dios enojado; y más particularmente vosotros, que estáis bajo el imperio de vuestra promesa, tened cuidado de observar el juramento y la promesa que habéis hecho en presencia de Dios omnipotente. No penséis poder usar de una restricción mental o del equívoco, pues cada palabra que proferís durante toda la duración de vuestra recepción es un juramento, y Dios os examinará según la pureza de vuestro corazón y la limpieza de vuestras manos. Es una herramienta de filo cortante con la que jugáis, prestad atención en no cortaros. Os recomendamos que no perdáis vuestra salvación por alguna satisfacción aparente.

En primer lugar, serviréis al verdadero Dios y guardaréis cuidadosamente sus preceptos generales, en particular los diez mandamientos dados a Moisés sobre el monte Sinaí, tal como los encontraréis expuestos sobre el pavimento del templo.

2º Seréis fieles y asiduos a la santa Iglesia católica y huiréis de toda herejía, cisma o error que llegue a vuestro conocimiento.

3º Seréis fieles a la logia y guardaréis todos los secretos que la conciernen.

4º Seréis fieles al rey legítimo del reino, y oraréis por su salvación en todas las ocasiones que se os presenten, cuando oréis por vosotros mismos, y no tomaréis parte en ningún plan de traición contra su persona y su gobierno.

5º Os mostraréis amantes y leales el uno con el otro, y actuaréis hacia vuestro prójimo o vuestro compañero como quisierais que actuaran con vosotros.

6º Estaréis en buenas y leales relaciones con todos estos maestros y compañeros de masonería que sabéis han entrado en ella según las reglas de la Orden. Guardaréis sus secretos, os opondréis con todas vuestras fuerzas a aquello que les perjudique, y sostendréis su honor y su crédito.

7º Que todo masón permanezca en una verdadera logia o en cámara o en casa para hablar y juzgar de cosas relativas a la honestidad y a la conducta moral, allá donde puedan refrescar la memoria con respecto a los desaparecidos eminentes.

8º Sed sinceros y honestos hacia el señor o vuestro empleador. Haced fielmente su obra. Preservad su provecho y su beneficio tanto como podáis. No le defraudéis en ningún punto, de manera que no pueda tener ninguna razón para quejarse, y obtendréis honor.

9º (Llamaréis) “masón” a vuestro compañero y a vuestro hermano, y no os dirigiréis a él con un nombre irrespetuoso, pues esto podría levantar discordias, divisiones y animosidad, lo que provocaría el escándalo.

10º No permitáis a ningún maestro o compañero que cometa adulterio o que fornique, por maldad o por impiedad, con la esposa, la hija o la criada de otro compañero.

11º Tendréis mucho cuidado de pagar fiel y honestamente vuestra pensión, sea el comer, el beber, la limpieza o el albergue, cuando paséis ante la cocina.

12º Estad atentos, allí donde os alojéis, de que no se cometa ninguna villanía, pues el oficio podría ser difamado.

13º Tendréis un religioso cuidado en observar el día de descanso, absteniéndoos de toda obra y mal trabajo, y consagrad ese día al estudio empleándolo al servicio y a la búsqueda del verdadero Dios, así como a impedir a las facultades de vuestra alma a que vagabundee tras las vanidades de este mundo. Rogad a Dios que santifique vuestra esperanza, vuestra comprensión, vuestra memoria, vuestra razón y vuestras inclinaciones.

14º Ocupaos personalmente, según vuestro talento y vuestros medios, de aliviar al pobre. No dejéis que vuestra prudencia reemplace a vuestra caridad, pensando que éste o tal otro es indigno o que no tiene necesidades. Por el contrario, no dejéis escapar ninguna oportunidad, pues es por el amor de Dios y para obedecer a su mandamiento que hacéis un donativo.

15º Visitad a los enfermos, reconfortadles, orad por ellos y no les dejéis en desamparo. Es deber vuestro el ayudarles; si Dios les reclama de este mundo, permaneced allí y asistid a sus funerales.

16º Sed afables y buenos hacia todos, pero especialmente hacia las viudas y los huérfanos; tomad resueltamente su defensa, proteged su interés, aliviad sus necesidades: incluso aunque sea un trozo de pan echado con incertidumbre sobre la superficie del agua, no obstante, gracias a la bendición especial del cielo, un día os será devuelto con interés séptuple, y os asegurará un capital en el otro mundo.

17º No bebáis en ninguna ocasión hasta la ebriedad, pues esto es una ofensa a Dios, y también porque os pondríais en estado de revelar los secretos de la logia, y por ello de ser perjuros.

18º Os abstendréis de toda diversión escandalosa y profana, de los juegos de azar o de cualquier otro juego destructor.

19º Evitaréis todo lenguaje lascivo y todo lenguaje, postura o gestos obscenos, pues todo ello no hace sino agradar al (demonio) y alentar la concupiscencia.

Éstos son los deberes generales a los que todo masón debe atenerse, sea maestro o compañero. Es muy deseable que éstos los conserven cuidadosamente en su corazón, su deseo y sus inclinaciones. Haciendo así, se harán a sí mismos respetables a los (ojos de) las generaciones futuras; Dios bendecirá a sus descendientes, les dará talento y los colocará en agradables empleos.

Los deberes que incumben a los maestros y compañeros son los siguientes. El primero es que ningún compañero aceptará trabajo de un señor o de otro empleador si él mismo no se sabe capaz de concluirlo, de manera que el oficio no tenga deshonor alguno, y que el señor o el empleador no sea engañado, sino al contrario, lealmente servido por aquel a quien ha financiado.

Si un masón se encarga de un trabajo o se ve en el puesto de maestro de obra no será apartado del mismo si es capaz de acabarlo.

Además, que ningún maestro o compañero tomará aprendiz por una duración inferior a siete años, y el aprendiz deberá disponer del uso de sus miembros y tener buen aliento.

Además, que ningún maestro o compañero recibirá su paga antes de haber comenzado la obra, sin el consentimiento de la logia.

Además, que ningún maestro o compañero se permitirá crear un masón en ausencia de al menos cinco o seis de sus compañeros debidamente obligados por el juramento.

Además, que ningún maestro o compañero que esté a jornal trabajará a destajo en la obra de un señor.

Además, que ningún maestro dará el salario a su compañero si este último no lo merece, de manera que el empleador no sea objeto de abuso por parte de obreros ignorantes.

Además, que ningún compañero calumniará a otro a sus espaldas, pues esto podría hacerle perder su buen nombre o sus bienes temporales.

Además, que ningún compañero, sea en la logia o en el exterior, responderá a su compañero de manera irrespetuosa.

Además, que nadie entrará de noche en la ciudad en la que haya una logia de compañeros sin ir con otro compañero, que pueda probar que es un hombre honesto o conocido como tal.

Además, que todo maestro y compañero se sumará a la asamblea desde la primera convocatoria si ésta se celebra a un máximo de cinco millas, y que colaborará en los gastos de sus compañeros o de su maestro.

Además, que todo maestro (y compañero) rezará por su superior y tendrá veneración por él.

Además, que todo maestro y compañero que haya cometido un delito se atendrá a la decisión que adopten su maestro y sus compañeros a su respecto. Y si (la causa) no puede ser paralizada de otro modo, deberá ser tratada en la asamblea.

Además, que ningún maestro masón fabricará molde de escuadra o de regla para un (masón) instalador o un masón formado en el taller.

Además, que ningún maestro, sea en la logia o en el exterior, pondrá una marca grabada en la piedra o en otro sitio sin haberla fabricado él mismo.

Además, que todo masón recibirá a masones extranjeros teniendo cuidado de repartirlos en el país de acuerdo a sus necesidades. Y si les da trabajo conforme a la regla, es decir, si tienen un molde, una medida con la que trabajar, dejadles al menos dos semanas y luego dadles su contrato. Y si no tienen medida, dejadles que se alimenten dándoles bebida y comida para llevar hasta la próxima logia.

Además, que nadie en la Orden estará al acecho para ver si otro se equivoca en sus palabras y en sus pasos; por el contrario, si este último prueba que es miembro de la Orden, entonces estáis obligados a respaldarle y a tener con él los miramientos en uso en el oficio.

Además, que todos los masones serán honestos en su trabajo, sea éste a destajo o a jornal, y que lo acabarán lealmente, de manera que puedan recibir su sueldo como está previsto.

Además, que ninguna logia o quorum de masones entregará el secreto real a alguien de manera arbitraria; sino que, después de una larga deliberación, dejadle aprender sus preguntas por el corazón, y luego sus símbolos, y que después haga como la logia piense que debe hacer.

El deber del aprendiz

En primer lugar, que sea sincero hacia Dios, la santa Iglesia católica, el rey y el maestro al que sirve. Además, no criticará, ni se opondrá a su maestro o a los bienes de su maestro, no se abstendrá de servirle, y no se alejará de él para satisfacer su propio placer, de día o de noche, sin su permiso. No cometerá adulterio ni fornicación, sea dentro o fuera de la logia, con la hija, la criada u otra mujer de su maestro. Retendrá en todo los consejos que dentro o fuera de la logia, fuera de la cámara o de la casa, le haya dado un compañero, un maestro o un hombre libre. No le opondrá un argumento a fin de desobedecerle. No revelará ningún secreto que pueda provocar un conflicto entre los masones, compañeros o aprendices, sino que se conducirá con respeto hacia todos los franc-masones, de manera que pueda ganar hermanos para su maestro. No jugará a las cartas, ni a los dados, ni a otros juegos desleales. No frecuentará las tabernas ni las cervecerías para despilfarrar el dinero de su maestro sin su permiso. No hurtará ni sustraerá los bienes de nadie, ni una porción, durante su aprendizaje, sino que deberá guardarse de estas cosas lo mejor que pueda, e informar a su maestro o a algún otro masón si es posible con toda la diligencia requerida.

Preguntas planteadas y respuestas

Pregunta: ¿Qué sois?

Respuesta: Soy un hombre.

P.: ¿Cómo lo sabré?

R.: Por todos los verdaderos signos de la primera parte de mi entrada.

Oiré y callaré.

P.: ¿No debéis hacer nada más?

R.: Sí, pero he sido engendrado de un hombre, he nacido de una mujer, y además tengo muchos reyes soberanos y potentes príncipes por hermanos.

P.: ¿En qué logia habéis entrado?

R.: En la verdadera logia de san Juan.

P.: ¿Dónde debería tenerse una logia?

R.: En la cumbre de una montaña o en medio de un pantano, allí donde no pudiera escucharse el grito del gallo ni el ladrido de un perro.

P.: ¿Cuál es la altura de vuestra logia?

R.: Innumerables pulgadas y palmos.

P.: ¿Cómo es que innumerables?

R.: Es la materia del cielo y del firmamento estrellado.

P.: ¿Cuántos pilares hay en vuestra logia?

R.: Tres.

P.: ¿Cuáles son?

R.: La escuadra, el compás y la Biblia.

P.: ¿Dónde se encuentra la llave de vuestra logia?

R.: En una caja de hueso recubierta de un rudo vellón.

P.: Dadme (la explicación) detallada de vuestra caja.

R.: Mi cabeza es la caja, mis dientes son los huesos, mis cabellos el vellón, mi lengua es la llave.

P.: ¿Cómo habéis sido introducido?

R.: De manera vergonzosa, con una cuerda alrededor del cuello.

P.: ¿En qué postura estabais cuando fuisteis recibido?

R.: No estaba ni de pie ni acostado, ni corría ni andaba; estaba arrodillado sobre la rodilla izquierda.

P.: ¿Por qué teníais una cuerda alrededor del cuello?

R.: Para colgarme de ella en el caso de que traicionara la confianza puesta en mí.

P.: ¿Por qué estabais arrodillado sobre la rodilla izquierda?

R.: Porque debía estar en una postura muy humilde para recibir el real secreto.

P.: ¿A qué obligación os habéis comprometido?

R.: A un gran juramento.

P.: ¿Qué castigo se inflige a aquellos que revelan el secreto?

R.: Deben en vida tener el corazón arrancado, la cabeza cortada, y el cuerpo enterrado en la orilla de la playa, y no en el lugar en que se entierra a los cristianos.

P.: ¿Cuántas luces hay en vuestra logia?

R.: Dos.

P.: ¿Cuáles son?

R.: El sol que se alza en el este y que envía a todos los hombres al trabajo, y el sol que se oculta en el oeste y que envía a todos los hombres a acostarse.

P.: ¿Cómo está orientada vuestra logia?

R.: Este-oeste, porque todas las santas iglesias y los templos están así orientados, en particular el templo de Jerusalén.

P.: ¿No podía Hiram poner los cimientos del templo de sur a norte más bien que de este a oeste?

R.: No, no podía.

P.: Dadme la razón de ello.

R.: David ordenó que los cimientos del templo descansaran sobre el campo de grano, como podéis leer en la santa Biblia, donde es llamado el campo de trillar (el trigo) de Araunah el Gebuseo. Además, podéis leer a propósito de esto, en ese escrito sagrado, que en el interior del arca del Señor se encontraba la alianza entre Dios y los hombres, las dos tablas de mármol con los diez mandamientos escritos por el dedo de Dios. Dicha arca estuvo guardada por desgracia durante mucho tiempo en el campo de trillar de Araunah del que se acaba de hablar, lo que les obligó a echar los cimientos del templo de este a oeste, conforme a la posición de las dos tablas.

P.: ¿Qué es la masonería?

R.: Es una obra de escuadra.

P.: ¿Qué es un masón?

R.: Es un obrero de la piedra.

P.: ¿Reconoceríais a vuestro maestro si le vierais?

R.: Sí.

P.: ¿Por qué le reconoceríais?

R.: Por su ropa.

P.: ¿De qué color es su ropa?

R.: Amarilla y azul, como el compás, que es de cobre y de hierro.

P.: ¿Qué mortero utilizaban los masones que construyeron el templo?

R.: El mismo mortero que utilizaron los que construyeron la torre de Nemrod, es decir, el légamo, que es una especie de tierra roja, y al que diluyeron y filtraron en el muro después de poner las piedras. Era una especie de cemento o de asfalto. …/…

P.: ¿Cuántos peldaños había en la escala de Jacob?

R.: Tres.

P.: ¿Cuáles eran esos tres?

R.: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

P.: ¿Cuántas flores hay en el ojal del masón?

R.: Tres y doce.

P.: ¿Cómo las llamáis?

R.: La Trinidad y los doce apóstoles.

P.: ¿Quién era el maestro masón en la construcción del templo?

R.: Hiram de Tiro.

P.: ¿Quién puso la primera piedra en los cimientos del templo?

R.: El mencionado Hiram.

P.: ¿En qué lugar puso la primera piedra?

R.: En el ángulo sud-este del templo.

P.: ¿Qué dijo al ponerla?

R.: ¡Que Dios nos ayude!

P.: ¿Cuál fue la mayor maravilla que se vio u oyó con respecto al templo?

R.: Dios fue hombre, y un hombre fue Dios. María fue madre y también sirvienta.

P.: ¿Para qué es buena la noche?

R.: La noche es mejor para oír que para ver.

P.: ¿Para qué es bueno el día?

R.: El día es mejor para ver que para oír.

P.: ¿Qué hizo el segundo hombre cuando murió el primer hombre?

R.: Perfeccionó la obra que proyectó el primer hombre. Por eso el rey David proyectó construir el templo, pero la muerte se lo impidió, y fue Salomón quien lo terminó.

P.: ¿Qué significa el mar de bronce que fue construido por Hiram y al que soportaban doce bueyes, de los cuales tres miraban hacia el norte, tres hacia el sur, tres hacia el oeste y tres hacia el este?

R.: Estaba destinado al baño y a las abluciones de los sacerdotes de esos tiempos. Pero ahora sabemos que era una representación de Cristo, cuya sangre estaba destinada a purificar del pecado y a lavar a los elegidos, y que los doce bueyes eran una representación de los doce apóstoles que lucharon contra el paganismo y el ateísmo, y que sellaron con su sangre la causa de Cristo.

P.: ¿Qué significaba la puerta dorada del templo que daba acceso al santo de los santos?

R.: Era otra representación de Cristo, que es la puerta, el camino, la verdad y la vida, para quien y en quien todos los elegidos penetran en el cielo.

Cómo saludar a los masones de otras logias

-Los respetables maestros de nuestra logia me han enviado hasta vosotros, os saludan conmigo muy cordialmente, deseando que mi visita pueda reavivar en vuestra memoria vuestros buenos sentimientos a su respecto.

R.: Nosotros, maestros y compañeros de esta logia, os deseamos de todo corazón la bienvenida y os suplicamos que oséis hablarnos francamente, decirnos vuestros deseos, y pedir nuestra ayuda, para lo cual estaremos a vuestras órdenes en todo tiempo y en toda circunstancia. Todos, tantos como aquí estamos, seguiremos honrando al amor y sirviéndoos.

Cuando penetréis en una habitación, debéis decir: ¿La casa es propia? Si ellos responden: Ella cala, o: Ella está mal cubierta, a esta respuesta debéis guardar silencio sobre la mayoría de las preguntas relativas a la masonería.

Así se acaban las constituciones.

Preguntas que conciernen al templo

1. P.: ¿Qué significa el templo?

R.: El Hijo de Dios, y en parte la Iglesia. El Hijo sufrió y su cuerpo fue destruido, resucitó al tercer día, y erigió para nosotros la Iglesia cristiana, que es la verdadera Iglesia espiritual.

2. ¿Qué significa el mármol blanco? El Cristo es el mármol blanco sin mancha, la piedra rechazada por los constructores… Pero Dios la ha escogido…

3. El misterio de la madera de cedro.

El cedro, el ciprés y la madera de olivo no estaban sujetos a la putrefacción, y no podían ser devorados por los gusanos. Por ello la naturaleza humana de Cristo no estaba sujeta ni a la corrupción ni a la putrefacción.

4. El misterio del oro.

El oro y las piedras preciosas significan la divinidad de Cristo, en la que habitaba su plenitud, pues es el origen.

5. El misterio de los querubines.

Primero significaban la gloria celestial y la vida eterna que debe venir. Pintados a imagen del hombre, representan el coro de los santos ángeles y de los santos, que cantan el Te Deum laudamus. En segundo lugar, los dos querubines sobre la misericordia en el coro del santuario significan el Antiguo y el Nuevo Testamento, que contienen la doctrina de Cristo, y así como sus alas se tocan mutuamente, así el Antiguo y el Nuevo Testamento están unidos, coincidiendo el final del primero con el principio del otro, uno conteniendo el mundo antiguo, el otro conteniendo el fin del segundo mundo. Ambos se refieren a Cristo, a quien fue confiado el ministerio de Dios.

6. El misterio de la puerta dorada del templo.

Cristo es la puerta de la vida por la que debemos penetrar en la eterna dicha. Las dos columnas significan la adquisición de los dos conocimientos que preceden a esta entrada, a saber, el de su persona y el de su misión.

7. ¿Qué significa el velo?

El Hijo de Dios nuestro Señor Jesucristo, suspendido del altar de la cruz, es el verdadero velo que, interpuesto entre Dios y nosotros, ensombrece con sus heridas y su sangre la multitud de nuestras ofensas, y nos permite así ser hechos agradables a su Padre.

8. El arca de la alianza.

Ella representa tanto a nuestro salvador Cristo como a los corazones de los fieles, pues en el pecho de Cristo se encontraba la doble doctrina de la ley y del evangelio, así como se encuentra entre los fieles, aunque en menor grado. Era el verdadero maná descendido (del cielo) para dar vida al mundo. La tabla de la ley nos conduce al amor y a la obediencia. La vara florida de Aarón significa la dulzura del evangelio y la gloria de nuestro gran sacerdote Jesucristo, de quien Aarón era una figura.

9. El misterio del altar.

El altar, con sus cuatro esquinas doradas, en parte hecho de madera de acacia y en parte cubierto de oro, representa la unión de la humanidad y la divinidad de nuestro salvador, pues la naturaleza incorruptible se hacía sensible por el oro, y la humanidad de Cristo, rebelde a la putrefacción, fue embellecida por la gloria celestial de la divinidad. Personalmente unido a la naturaleza divina, él ascendió al cielo y se asienta a la derecha de Dios, su Padre, coronado de majestad y de dicha eterna.

10. El misterio del candelabro de oro.

El candelabro de oro de seis brazos, con sus siete luces, significa el Cristo y sus ministros. Cristo, fundamentalmente, es el gran sacerdote y la luz del mundo que nos ilumina para la vida eterna. Los doctores y maestros de la Iglesia son los brazos que Cristo ilumina con la santa doctrina del evangelio. Nadie debería estar separado de Cristo, sino que, por la luz de la doctrina, debería ser una linterna en nuestro camino. Y como todos los brazos del candelabro estaban unidos, así todo ministro y todo hijo de Dios debería estar unido al cuerpo de Cristo sin separación (posible). Las flores y los lises denotan las gracias de su espíritu, extendidas sobre todos sus fieles ministros. Las luces y las lámparas exhortan a todos los buenos ministros (del culto) a un gran cuidado y diligencia.

11. El misterio de la mesa dorada y del pan puesto encima.

La mesa recubierta de un precioso contrachapado significa los ministros del evangelio; el pan significa el Cristo, el pan de vida.

12. El misterio de la vid de oro y de las uvas de cristal.

La vid, que, al este del templo, estaba hecha de oro brillante, recuerda a nuestro Cristo, que se compara a sí mismo con una viña y que (compara) a los fieles con los sarmientos; las uvas de cristal (se asemejan) a la doctrina del evangelio y a las obras de la fe, que son: la fe, el amor, la esperanza, la caridad, la paciencia, la oración, y a las obras de la gracia, que son proporcionales a la fe.

13. El mar de bronce. Su misterio.

El mar de bronce era una representación del bautismo y del agua viva que brota de las heridas de Cristo. Los doce bueyes significan los doce apóstoles.

La altura y la longitud del templo.

Era largo de 100 codos y alto de 120 codos. El santo de los santos estaba en el extremo oeste, las piedras de mármol en el interior del templo medían 25 codos de altura, 12 codos de longitud y 8 codos de anchura. Eran todas de mármol blanco.

Preguntas planteadas y respuestas

P.: ¿Cuántas luces hay en esta logia?

R.: Tres.

P.: ¿Cuáles son?

R.: El maestro, el compañero de oficio y el vigilante.

P.: ¿Dónde están estas luces?

R.: Hay una al este, una al oeste y otra en medio.

P.: ¿Para qué sirve la del este?

R.: Sirve al maestro, la del oeste sirve al compañero de oficio, y la del medio al vigilante.

P.: ¿Qué hay detrás del vigilante?

R.: Tres estantes.

P.: ¿Qué hay encima?

R.: Tres reglas.

P.: ¿Cuánto (miden)?

R.: Hay una de 36 pies, una de 34 pies y otra de 32 pies.

P.: ¿Para qué sirven?

R.: La de 36 sirve de nivel, la de 34 de escuadra, y la de 32 sirve para medir la tierra.

P.: ¿De qué manera nos llegaron en el origen?

R.: Se cuenta que fueron dadas al rey David cuando tallaba piedras en la montaña (para que le sirvieran) para reconocer a los artesanos de los obreros. Quiso Dios tomarlas y enviar de vuelta al rey David. Salomón le sucedió, (ocupó) su lugar y se las dio (estas reglas).

P.: ¿Cuál es la longitud de vuestro cable?

R.: Es tan largo como la distancia que hay entre el emplazamiento de mi ombligo y la raíz de mis cabellos.

P.: ¿Por qué?

R.: Porque todos los secretos yacen en este sitio.

P.: ¿De qué… de quién habéis obtenido vuestros principios?

R.: De aquel que está en la cumbre del pináculo del templo.

P.: ¿De qué manera fue construido el templo?

R.: Por Salomón e Hiram, que le mandó instrumentos para la obra. Este Hiram salió de Egipto. Era hijo de una viuda. Proporcionó toda clase de instrumentos: picos, arados, palas, y todas las cosas que pertenecen al templo.

P.: ¿Donde descansa el maestro?

R.: En un cuezo de piedra, bajo la ventana oeste, desde donde mira al este, esperando que el sol levante (haga sonar la hora) de enviar a sus hombres al trabajo.

P.: ¿Dónde se encontró este noble arte o esta ciencia cuando se perdió?

R.: Se lo encontró sobre dos pilares de piedra, de los cuales uno no podía hundirse, ni el otro ser quemado.

Escudos de armas

Salomón alzó dos nombres notables, uno a la derecha llamado Jachin… que significa En él está la fuerza. No solamente mostró en la materia, sino también en el nombre de estas dos columnas, con qué firmeza se mantienen los elegidos ante Dios, a la vez en el presente y en vista de los últimos tiempos. Ahora, los hijos de Dios han recibido la fuerza de manera interior. En los últimos tiempos, Dios hará de tal manera, con su espíritu de gracia, que ellos no se alejen jamás totalmente de él. Por otra parte, se me ha enseñado este punto. Ambos nombres parecen además aludir a las dos Iglesias de los judíos y de las naciones:

– La de los judíos (es designada) por —— a la derecha, como si Dios quisiera a la larga fijarla en su tiempo, aunque no haya llegado a ser estable a causa de la obstinación de su entendimiento, que les hizo rechazar a Cristo cuando llegó;

– Y la de las naciones (es designada) por —— a la izquierda, a causa de la fuerza que estaba en ella presente cuando acogió a Cristo la primera vez que oyó estas cosas.

Cristo escribirá sobre estas columnas mejores nombres que los de ——- y ——.

En el lugar del primero escribirá el nombre de su Dios, de manera que se haga evidente para todos los hombres, y que estos hombres sean elegidos de entre aquellos que queden para ser el pueblo particular de Dios …/… En este sentido fue dicho: Ellos sabrán que yo te he amado. Y por ello también, en el profeta Zacarías, capítulo 14, versículo 20, la santidad del Señor fue escrita sobre los cascabeles colgados de los caballos.

Fin

Ved aquí una cabeza de muerto

para recordaros que sois mortal…

ved la gran fuerza con la cual…

pero establecer… en el cielo permanece

que todas vuestras acciones sean justas y verdaderas

(pues) tras vuestra muerte ellas os darán la vida

quedaos en el interior de vuestra esfera designada

estad preparado para vuestros últimos fines, el día está cerca.

(A caput mortuu[m] here you see

To mind you of mortality

Behold great strength by … fell

but establish … in heaven doeth dwe[ll]

Let all your actions be just and trwe

which after death gives life to you

Keep round within of your appointed sp[hrere]

be ready for your latter end daws near).

Comentario al manuscrito de Denys Roman

El Dumfries Manuscript nº 4 , descubierto en 1891, parece haber pertenecido a la vieja Logia de Dumfries, en Escocia. Comprende una versión de la “Leyenda del Oficio” (con el “juramento de Nemrod”), las preguntas y respuestas rituales, y finalmente el blasón de la Orden, del que se dice remonta a la época del mártir san Albano. Berger realiza con frecuencia aportaciones muy valiosas. Hablando de los tres hijos de Lamech: Jabel, Jubal y Tubalcaín, nos dice que, según el Cooke’s Manuscript (comienzos del siglo XV), Jabel fue el arquitecto de Caín (su ancestro de la sexta generación) para la construcción de la ciudad de Henoch. El autor destaca la presencia de la raíz JBL en los nombres de Jabel y Jubal, y también en la “palabra de paso” Shibboleth . Recuerda que dicha raíz, presente asimismo en la palabra Jubileo, evoca una idea de “retorno al Principio” . Esto es interesante. Pero, bien entendido, lo que hay de esencial en la palabra Shibboleth es su conexión con el “pasaje de las aguas”.

Por otra parte, Berger cree ver una contradicción entre la afirmación de Guénon, que dice que “la primera piedra ha de estar situada en el ángulo Nord-Este del edificio”, y el emplazamiento asignado a esta piedra por el Dumfries nº 4 : el ángulo Sud-Este. Y añade: “René Guénon parece haberse inspirado en esto, como en otras ocasiones, sobre lo que Stretton había sugerido en su correspondencia con J. Yarker a propósito de la Masonería operativa, a la cual pertenecía”. Podemos asegurar, Sr. Berger, que Guénon, aun concediendo mucho interés a la documentación de Cl. E. Stretton y su escuela, conocía también los límites, los cuales había señalado en ocasiones. De todas formas, la “toma de posesión del ángulo Nord-Este de la Logia” constituye todavía hoy la última etapa de la iniciación al grado de Aprendiz.

Otra cosa. Hemos aludido en una obra anterior a la cuestión Hiram-Amon. En la mayor parte de los antiguos documentos la construcción del Templo no es atribuida a Hiram, sino a un cierto Amon. Ahora bien, en el Dumfries nº 4 no se habla de Amon sino de Hiram, hijo de la Viuda, atribución ésta que es afirmada con cierta insistencia.

La dificultad que al parecer resulta de la contradicción entre la generalidad de los Old Charges y el Dumfries nº 4 se centra en la lectura de una de las últimas preguntas de este documento: “¿Cómo fue construido el Templo? – Por Salomón y Hiram… Fue este Hiram quien vino de Egipto . Era hijo de una viuda, etc.” Sin embargo, según la Biblia, Hiram Abif no procedía de Egipto, sino que fue enviado de Tiro por el rey Hiram en estos términos: “Yo te envío un hombre sabio y hábil, Hiram Abi, hijo de una mujer de la tribu de Dan y de un padre Tirio” (II Paralipómenos , II, 12). Estaremos de acuerdo que semejante divergencia con el texto sagrado no deja de ser significativa.

Por lo demás, la importancia dada a Egipto en la “Leyenda del Oficio” no sorprenderá a todos aquellos que la lean sin una idea preconcebida. La “tierra negra” [Egipto], que fue la cuna del hermetismo, está presente por doquier en este texto, y especialmente con ocasión de dos anacronismos poco comunes.

El primero es el que convierte a Euclides en discípulo de Abraham, durante el periodo en que el padre de los creyentes moraba en Egipto, en circunstancias referidas por la Biblia ( Génesis XII), en donde Sarah es raptada por el Faraón; esta historia, que aparece nuevamente con Abimelech, rey de Gerara, tiene evidentemente un carácter simbólico . El segundo anacronismo es más sorprendente aún. Se trata del misterioso Naymus Grecus, “que había construido el Templo de Salomón”, y que introdujo la Masonería en Francia bajo la protección de Carlos Martel.

Mucho se han esforzado los comentadores para comprender esta leyenda singular, y su erudición ha sido hasta tal punto puesta a prueba que nosotros dudamos en proponer una interpretación. Lo que nos mueve a ello es una nota aportada por Berger, según la cual Naymus Grecus (Minos Greenatus en el Dumfries ) es designado también bajo las formas Mammongretus, Memon Gretus, Mamon Grecus, Memongrecus . Consideremos ahora: – que el hermetismo constituye la esencia de la Masonería (cf. la semejanza entre los nombres de Hermes y Hiram); – que Mammon, Memon, Mamon, Naymus, pueden ser deformaciones de la palabra Amon (o Aymon), nombre del arquitecto del Templo, que no es muy diferente de “este Hiram que vino de Egipto”; – que Grecus es evidentemente la palabra “Griego”; – y en fin que Carlos Martel “personifica” el “encuentro” de la monarquía franca, hija mayor del Cristianismo occidental, con el mundo islámico, encuentro “violento” ya desde el principio, pero que bajo el nieto del alcalde del palacio de Austrasia buscó la alianza del califa Haroun-al-Rachid (Aaron el Justo) con el “gran y pacífico emperador de los Romanos” [Carlomagno], a quien el califa abasida no tardó en enviar, con una embajada espectacular, las “llaves del Santo Sepulcro”.

Por lo tanto, cabría preguntarse si esta increíble historia de las relaciones de Naymus Grecus, constructor del Templo, con Carlos Martel, no es en realidad sino un alto símbolo, destinado a velar y a revelar al mismo tiempo una “transmisión”, capital para la Orden masónica, y de la que René Guénon ha hablado en las Aperçus sur l’Initiation (cap. XLI): el hermetismo es una tradición de origen egipcio, revestida de una forma griega, y que fue transmitida al mundo cristiano por intermedio de los Arabes.

Por otro lado, son evidentes las relaciones de todo esto con los misterios del “Santo Imperio”. Pero pasemos a otro asunto. A propósito de la pregunta: “¿Dónde está la Logia de San Juan?”, el autor estudia las respuestas ofrecidas, en las que se habla de un perro, de un gallo, de la sumidad de una montaña, y a veces del valle de Josafat. Berger ha observado muy bien “que aquí se trata de una antigua fórmula operativa”, y, añadiremos, relacionada con un simbolismo del esoterismo cristiano muy próximo al de Dante. El valle de Josafat es el lugar tradicional del último Juicio, en donde la Logia de San Juan ha de encontrar su lugar conforme a las palabras del Cristo dirigidas a Pedro a propósito de Juan: “Si quiero que él permanezca hasta que yo venga, ¿qué te importa?” Correlativamente, la “sumidad de una montaña” corresponde al Paraíso terrestre, que toca la esfera de la luna, y de donde procede toda iniciación. El perro alude al secreto (“No echar a los perros las cosas santas”), y el gallo al silencio, ya que este ave reprochó a San Pedro el no haber guardado el silencio frente a las acusaciones de la sirvienta de Caifás. Además, astrológicamente hablando, el gallo es solar y el perro lunar (cf. los perros de Diana cazadora, los perros blanco y negro del Tarot que “aullan a la luna”, etc.).

La fórmula correcta (cuyo comienzo ha seguido conservándose en Inglaterra y América) parece ser entonces la siguiente: “Sobre la más alta de las montañas, y en el más profundo de los valles, que es el valle de Josafat, y en cualquier lugar secreto y silencioso donde no se oye perro ladrar ni gallo cantar”.

Señalaremos, en fin, la extraordinaria respuesta relativa a la longitud del cable-tow : “Su longitud es igual a la que hay entre la extremidad de mi ombligo y el más corto de mis cabellos”. A lo cual se pregunta: “¿Cuál es la razón?”, respondiéndose: “Porque todos los secretos permanecen allí”. Rechazando como “bastante superficiales” las múltiples especulaciones calenturientas sobre esta cuestión del cable-tow , Berger busca una explicación “más técnica”. Se trata, en efecto, de técnica constructiva, pero de una técnica característica de la construcción espiritual. El ombligo, símbolo del centro (y por donde pasa el “signo de reconocimiento de la maestría”) es el “lugar” del tercero de los siete “centros sutiles” del ser humano (a través de los cuales se eleva el luz ), estando los dos primeros (región sacra y región sub-umbilical) “cubiertos” por el mandil masónico; y la “ligadura” de este mandil se efectuaba originalmente por un “nudo” situado precisamente sobre el ombligo, nudo cuyas dos extremidades figuran todavía sobre los mandiles del modelo británico. En cuanto al cabello más corto, está relacionado con la fontanela superior y el vórtex capilar, cuya naturaleza “espiral” es visible entre los niños con los cabellos recién cortados. Y, en efecto, “todos los secretos permanecen allí”, es decir, que ellos están “en sueño en tanto que la iniciación sea tan sólo virtual, a pesar de las ‘innumerables’ ocasiones ofrecidas por la Masonería para el despertar de las posibilidades de orden superior”.

La fórmula perfectamente conservada por el Dumfries -como una joya intacta entre tantas f&oacutte;rmulas alteradas, mutiladas o convertidas en incomprensibles- proyecta una luz inesperada sobre las “operaciones” practicadas por los Masones de los “antiguos días”, y evoca irresistiblemente las técnicas de este otro “Arte Real” que es el Râja-Yoga . Se entiende, pues, por qué Guénon se hizo eco de esta afirmación de Armand Bédarride: “La filosofía masónica es más oriental que occidental”. Y Guénon añade: “Esto es verdad, ¿pero cuántos son los que la comprenden hoy en día?” (cf. Etudes sur la Franc-Maçonnerie, I, pág. 190). Han transcurrido casi cuarenta años, y no se puede decir que la situación haya mejorado. Las fórmulas llegadas hasta nosotros desde el fondo de las edades, si no es desde la “más alta de las montañas”, permanecen olvidadas, desapercibidas o incomprendidas. Y ya se sabe como los antiguos representaban los cabellos de la diosa “Ocasión”. Pero no tenemos derecho a desalentarnos, puesto que la Logia de San Juan permanece “en el más profundo de los valles”, es decir que ella debe durar hasta el fin del ciclo. Existe en la Masonería una “solidez” (o para emplear el simbolismo de la Logia de Mesa, una “salud”) que, para nosotros, está ligada a ese papel “conservador” que le reconocía René Guénon.

La obra masónica guenoniana (que no está separada del resto de su obra) portará, no lo dudemos, los frutos que “pasarán la promesa de las flores”. Es verdaderamente sorprendente encontrar, en uno de los últimos Old Charges , tales informaciones sobre el cable-tow , informaciones que constituyen sin duda alguna lo que el Dumfries , en la pregunta 15 de su catecismo, llama el “secreto real”.