Los masones en el convento

Mucho se mueven los francmasones realizando públicamente algunos actos, como el otro día, en Toledo, donde, junto a otros intelectuales y filósofos de conocido prestigio, entregaban el II Premio de Investigaciones Históricas a una búlgara. Ésta, sorprendida de que su investigación lograse la victoria, sin conocer a nadie, se deshacía en agradecimientos y hablaba sobre el tema del concurso: interculturalidad y tolerancia. Tema pocas veces más actual que ahora, después de las revueltas inmigrantes en Francia, pues se trata de lograr el respeto mutuo, de colaborar unos con otros, no de someter a los recién llegados o pagar miserablemente a sus hijos. Si viven en nuestra sociedad tendrán que adecuarse a ella, sí, pero también tendrán que recibir un trato justo, sin abusos y hacer que la igualdad de oportunidades sea algo más que unas bonitas palabras. El acto se celebraba en la iglesia de San Pedro Mártir, hoy paraninfo de la universidad, que tiene casi envergadura de catedral. Donde estuviera el altar, tenían la mesa presidencial.

En otros tiempos fue el emplazamiento de la Inquisición. Hermoso guiño de la Historia. El Gran Maestro de la Gran Logia de España, ex-diputado del PSOE por Cataluña, abrió el acto con el himno nacional, por respeto a las leyes vigentes. Después, dialogaron y se finalizó con un concierto de música propia del Renacimiento. El retablo miraba con un Cristo en lo alto y desde sus santos las palabras que decían los invitados. Donde estuvo no hace mucho el sagrario, había, como un símbolo, un cartel con el escudo de la mítica institución y la leyenda: ALGDGADU (A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo). Dios seguía presidiendo el acto, al menos de modo figurado. El día, comenzado con un cónclave de masones, finalizó con una cena de gala, en el cercano claustro. Poco después, en Granada, se celebra el Convento Anual del Supremo Consejo de la misma institución, con comidas de alta etiqueta, conciertos y visitas culturales.

Lejos quedan los tiempos en que se les acusaba de destruir cualquier vestigio de la Cristiandad o de conspirar para quitar un presidente del gobierno y poner otro. Que haya grandes personajes entre sus filas es otro asunto, que busquen la excelencia por misteriosos caminos, practicando ritos o juegos mentales sigue llamando la atención. Lo que está claro es que los masones hoy no son en principio ni anticlericales ni lo contrario, sino que hay de todo, como en un equipo de fútbol, también católicos y laicistas, y que buscan, según proclaman, la excelencia espiritual y el diálogo entre los contrarios. Sus apariciones en público muestran que no tienen por qué esconderse y que su célebre institución sigue diciendo algo a muchos que buscan un sentido al mundo porque los pueblos siempre se han nutrido de símbolos, de misterio y del mito para hacer humana a la fría y arisca razón.

22 noviembre, 2005
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