Granada se vuelve masona

Granada
Han pasado por periodos críticos a lo largo de la vida de la orden. Han sido perseguidos, odiados, exiliados y fusilados. Todavía hoy son mirados con recelo, y son percibidos como un colectivo en la sombra que rige el destino de naciones enteras. Sobre los masones pesan losas de este tipo, pero ellos prosiguen con su quehacer. Este fin de semana se han reunido en Granada con presencia de masones de todo el mundo.

El Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 y Último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España, Ramón Torres, conoce bien los mitos sobre el colectivo masónico. “Desgraciadamente, existen muchos prejuicios que se han ido sembrando”, asegura.

Los masones hemos defendido la libertad, la hermandad y la igualdad, siempre
“Los masones hemos defendido la libertad, la hermandad y la igualdad, siempre” y esos conceptos en algunos periodos no han estado bien vistos por los poderes fácticos.

En España, el Supremo Consejo del Grado 33 tiene continuidad desde 1811, a pesar del absolutismo, del franquismo y otras dictaduras. Durante la Guerra Civil y la época franquista, el Supremo Consejo siguió trabajando, pero en el exilio. “Tenemos una norma: en el país en el que no podemos cumplir las leyes, nos vamos al país más próximo donde sí podamos”, asegura Torres. Y ese caso se ha dado varias veces en España.

“La auténtica ética de la democracia es la masonería. Los valores de cualquier constitución democrática son valores masónicos”, asegura el soberano gran comendador. De ahí, explica, la persecución y la mala imagen. “A los que buscan la dictadura de la conciencia, los que prefieren el pensamiento único y dogmático, les preocupan los librepensadores. Y nosotros procuramos que cada persona se forme a sí mismo”.

La masonería regular, argumenta Torres, no es más que un movimiento ético que parte de un “sistema moral peculiar que se basa en cuatro principios claros: la creencia en el Gran Arquitecto del Universo, el amor al prójimo, la trascendencia del ser humano y el conocimiento de uno mismo”. Estos principios, a su vez, son jalonados por una serie de valores y, “a la luz de la razón, los analizamos y nos acercamos al humanismo”.

Pero eso no es suficiente para un masón. Recurren al lenguaje simbólico y alegórico para “generar una intuición inteligente que nos permita entrar en el campo de la espiritualidad”. El masón debe estar en el punto central entre el humanismo y la espiritualidad para que “el hombre bueno pueda ser mejor”. Pero hay ciertos valores que tienen que trascender a la persona, son valores que tienen que practicarse.

A través de nuestro camino, la persona puede ser mejor y él mismo se prepara para ser, además, mejor ciudadano” a título personal
“A través de nuestro camino, la persona puede ser mejor y él mismo se prepara para ser, además, mejor ciudadano” a título personal.

Porque la orden masónica no se proyecta, como institución, en la sociedad, “y tenemos prohibido temas políticos y religiosos”. La explicación es fácil: “Buscamos la fraternidad, y tanto la política como la religión han sido motivo de luchas, guerras y asesinatos durante la historia del hombre”, explica Torres. “Debemos descender a la aplicación concreta, cada hermano debe proyectarse en su tarea”.

Por eso es fácil encontrar en las logias miembros de partidos políticos de distinto signo y personas de todas las confesiones religiosas”. En este punto, Torres aclara: “hay quien pretende contraponer masonería y religión. La religión se basa en el sentimiento y en la oración. La masonería, en la razón y el lenguaje simbólico y alegórico. No son opuestos”. De hecho, en el seno de la masonería se permiten todas las confesiones religiosas desde el punto de vista de la libertad de conciencia.

Porque los masones no son laicos. Desde el punto de vista de que el laicismo nace de la libertad de conciencia, “sí somos laicos”, asegura Torres. “Pero no podemos ser laicos en la medida en la causa primera, en el Gran Arquitecto del Universo, que cada uno interpreta según su religión”. Pero lo que no será nunca un masón regular será un místico. “El místico pierde su identidad. El masón no puede perder su personalidad. Nuestra moral se basa en el hoy y ahora, no para después de la muerte. Pero eso no significa que renunciemos a la espiritualidad”, afirma Torres.

El momento de mayor auge de la masonería en España fue durante la II República. En esos momentos, había 5.000 masones. Pero con la llegada del régimen franquista, ser sospechoso de pertenecer a la masonería era motivo de fusilamiento. “En el Archivo de Salamanca hay 68.000 expedientes con miles de fichas de personas que eran acusados de masones”.

Lo peor no era esa persecución por motivos ideológicos, sino las casi 1.600 personas que fueron condenadas a muerte por ser masones.

Si uno decía que era masón, en el mejor de los casos, ibas a prisión
“Si uno decía que era masón, en el mejor de los casos, ibas a prisión”, explica Torres. Así que se marcharon al exilio a México, vía Francia. Y desde allí, desde la distancia continuaron siendo la logia española.

La reunión que ahora celebran en Granada suele realizarse todos los años. En ellas, los masones debaten sobre un tema específico. En esta ocasión, versará sobre la metodología masónica. En especial, se tratará del Grado Séptimo. Torres lo explica: “El sistema masónico son los tres primeros grados simbólicos. En el tercer grado, se es maestro. Y del cuarto al 30 se realiza una formación programada para profundizar en todos los caminos a través de los diversos grados”. Los últimos, el 31, 32 y 33 son grados administrativos.

Para el encuentro, se acercarán hasta Granada masones de toda España, además de Soberanos Grandes Comendadores de otros países como Francia, Argentina, Polonia o Suiza. “Esta presencia de hermanos de lugares tan distintos demuestra la fraternidad que existe en la institución y que deseamos para la sociedad”, explica Torres. En la actualidad, hay del orden de 2.200 masones en España.

Otro de los mitos que el Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 y Último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España quiere desterrar es que a la institución sólo pueden acceder personas de alto poder adquisitivo. “Nosotros sólo exigimos que el hombre sea libre y de buenas costumbres. Y un hombre puede ser libre cuando se puede mantener económicamente. Por ello, en las logias hay trabajadores. Cualquier persona normal puede entrar en la masonería y se puede marchar cuando quiera”, especifica Torres.

Diario Granada hoy

20 noviembre, 2005